La generación de la doble crisis: una educación que no sirve y los excesos recibidos. #Generaciones #Crisis #España #Europa #Jovenes #Desempleo #Economía #Análisis #Educación #Democracia #Pandemia #Coronavirus #Problemas #Gobierno #Gregoriff #UnaAlternativa1

«Es verdad que los jóvenes han encadenado dos crisis y que están muy marcados por la crisis financiera, pero casi todas las generaciones han encadenado crisis». «Jóvenes y no tan jóvenes, porque algunos ya están llegando a los 40. Pero se pierde la perspectiva, se han vivido cuatro crisis desde que comenzó la Democracia. Y en cada crisis el paro juvenil se dispara incluso al 50%. Es un problema estructural».

Javier Andrés y José García-Montalvo son dos de los economistas más reputados de España. Doctores en ambos casos, catedrático el primero en la Universidad de Valencia y el segundo en la Pompeu Fabra, coinciden plenamente al ser preguntados sobre qué supone que una generación muy relevante de España vaya a encadenar dos crisis muy virulentas. La financiera, que provocó cuatro años de contracción económica en un lustro y disparó de tal forma los niveles de desempleo que ya son 53 los trimestres con más de un 10% de paro. Y la derivada de la pandemia del coronavirus, que no será tan prolongada pero sí ha provocado el mayor desplome económico en tiempo de paz y ha llegado, además, cuando parte de las generaciones más jóvenes estaban empezando a recuperarse de la anterior crisis.

Probablemente el hecho de que Andrés fuese profesor de García-Montalvo influya en esa visión compartida que ofrecen, pero que ambos consideren que se trata de un problema estructural de la economía española es muy significativo. Y que también los dos apunten a la educación, y que Carmen Herrero coincida plenamente con ellos, se antoja definitivo.

«Por una parte, tenemos un problema terrible ya que muchísimos jóvenes abandonan la educación de manera temprana. España es el país con el peor dato de toda Europa. Y especialmente entre los hombres menores de 24 años, hay una bolsa de jóvenes sin formación y que lo tiene y lo van a tener muy mal en el futuro», explica Herrero, doctora en Matemáticas, catedrática emérita de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad de Alicante y, al igual que García-Montalvo, premio Jaume I de Economía. «Y por otra parte», prosigue, «España tiene un gran número de graduados universitarios con los que ocurre lo siguiente: lo que son más exitosos, acaban marchándose para encontrar trabajo en otros países, ya que les ofrecen mejores salarios y una mejor carrera profesional; y otros muchos, tienen una formación que no es la que demanda el mercado laboral».

«Tenemos un déficit de graduados en lo que llaman las STEM [ciencias, tecnológicas, ingeniería y matemáticas] y sobran filólogos, por ejemplo. O si vas a Bellas Artes, sabes a qué te expones. Luego no vale echarse las manos a la cabeza. Mientras no consigamos que las cosas encajen con el mercado laboral…», añade García-Montalvo, casi como si la conversación se hubiese producido en el mismo momento.

La falta de una formación adecuada, los bajos salarios y el abandono escolar temprano. Tres aspectos directamente relacionados y que explican no las crisis en sí mismas, pero sí por qué España sufre de manera más intensa las recesiones, por qué le cuesta salir más de esas etapas y por qué es algo que se repite cíclicamente.

¿Y cuál es la solución? Desde un punto de vista educativo, «cambiar la Universidad y cambiar la Formación Profesional. De cabo a rabo», sostiene Herrero. «La pirámide educacional en España es una locura. Es como si fuera un reloj de arena: en el medio, que sería la FP, hay poquísima gente y luego hay mucha en la universidad. Que la gente vaya a la universidad y haga un grado de la rama cultural, no está mal. Pero que piense que va a vivir con eso es una tontería. Necesita prepararse para el mercado laboral, y hay muchas carreras que no preparan para el mercado laboral».

«La Universidad era el medio que te garantizaba que vivirías mejor que tus padres. Pero esa era la universidad de los 70 u 80. Eso ya no funciona así, y genera una desafección enorme porque se piensa que siendo universitario se soluciona todo y luego ves que no funciona para nada. Tendrás un sueldo horrible y un trabajo horrible dependiendo de la carrera que estudies. Y con la FP no ocurre lo mismo», vuelve a coincidir Montalvo.

¿Y la experiencia vital?

Aquí, sin embargo, se debe introducir la experiencia vital que aporta la Universidad. El hecho de que los jóvenes salgan de su casa, conozcan personas de otros lugares, de otras culturas y que aprendan a valerse por sí mismos. Pero eso, en la España en la que cada comunidad y casi cada provincia quiere, exige tener una universidad, dejó de ser así hace mucho tiempo. Por lo tanto, además de una formación inadecuada o, el menos, en absoluto acorde a las exigencias del mercado laboral, tampoco se obtiene esa experiencia vital.

«Hay dos soluciones para que la universidad sea universal: una es crear un gran número de becas, de becas salario, y que la gente que se vaya donde se tenga que ir. Y les exigimos resultados. La otra es poner la universidad en la puerta de la casa de cada niño y que sigan viviendo en casa de sus padres, que les hagan la comida y les doblen la ropa Y el modelo español es el segundo. ¿Es un modelo malo? Pues sí. Entonces, ¿el modelo español es un modelo malo? Pues sí», señala sin dudar Herrero, que además de profesora universitaria fue también fue asesora en el Ministerio de Ciencia durante los primeros años de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero también los excesos.

Pero además de todo esto, y aunque Andrés incida en que «los jóvenes, efectivamente, van a sufrir la doble crisis pero deben recordar que sus padres y abuelos también las sufrieron», es innegable que hay una herencia recibida que pesa como una losa. Durante los años de la burbuja inmobiliaria, las generaciones anteriores se enriquecieron, accedieron a una vivienda y tuvieron oportunidades que ellos ahora no tienen. Y son ellos los que deberán hacer frente a las consecuencias de aquellos excesos.

Un ejemplo muy claro: la deuda pública. En 2007 llegó a ser de apenas un 35% del Producto Interior Bruto (PIB), y cuando el país se quiso dar cuenta estaba ya en el 100%. Fue en 2014, esto es, apenas siete años después, y es posiblemente la mejor muestra de la crudeza de la crisis financiera, las malas decisiones del Gobierno y, por supuestos, los excesos que se acumularon.

En los años sucesivos el dato se ha reducido, ni el Ejecutivo de Mariano Rajoy ni el de Pedro Sánchez hicieron esfuerzos reales por atajar el pasivo público. Y el resultado es que cuando llegó la crisis derivada del coronavirus, España fue la potencia europea con menos margen fiscal de actuación. «Las finanzas públicas son clave, España no tuvo margen para hacer más», ratifica Andrés.

Al cierre de 2020, el dato de deuda rozó el 120% del PIB, esto es, un 20% más que la riqueza total de España. Y en los próximos año la cifra no se va a reducir. Así lo advierten tanto el Banco de España como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) que una y otra vez piden al Ejecutivo un plan real, creíble y robusto para reducir el pasivo. El Ejecutivo, sin embargo, todavía no ha presentado absolutamente nada, y es parece bastante probable que cuando llegue la próxima crisis, que sin duda llegará, el país volverá a tener los mismos problemas de respuesta que ya ha evidenciado. Y los que pagarán esos problemas poco o nada tendrán que ver con los que lo generaron.

Desempleo

El otro gran pilar de la precariedad juvenil es el desempleo en este rango de edad, que, según datos de Eurostat, aumentó en casi diez puntos (del 30,6 al 39,5%) entre enero de 2020 y enero de 2021. España tiene la mayor tasa de desempleo juvenil de la Unión Europea y esto también azota a la juventud rural con una falta importante de oportunidades de trabajo. La Formación Profesional Dual es un fiel reflejo de esta falta de oportunidades, ya que no es posible estudiar determinadas ramas porque no hay empresas en las que hacer las prácticas obligatorias en la zona. «La FP de renovables, por ejemplo, no va a poder ser dual porque las empresas no están ahí, sino en País Vasco o Madrid», arguye el político.

«Si hablamos ya de una situación de completa incertidumbre en la España que no está vacía, pues imagínate en zonas como la nuestra», explica Bodalán, quien también denuncia la falta de alternativas en lugares que se encuentran en procesos de cambio, como las zonas mineras. «No termina de volver a girar la rueda», advierte, y esto es otra piedra en el camino de quienes quedan y termina por expulsar a los que aún resisten: «está empezando a ser un problema de cara a desarrollar una vida digna en estas zonas; ahora mismo quedarte aquí es luchar por resistir».

Mientras, las ocupaciones tradicionales se ven afectadas por la escasez de infraestructuras y población. «Si estamos hablando de medio rural y la familia se dedica a la agricultura y la ganadería, ahí siempre vamos a tener la posibilidad de trabajar en el núcleo familiar», explica Saz. El coordinador compara la situación con cualquier familia de una ciudad que tenga un negocio, pero con una gran diferencia: «en el medio urbano hay grandes empresas que se dedican exclusivamente al beneficio económico, a ganar dinero; en el medio rural, no». En cualquier caso, reconoce que no es una alternativa atractiva. «Normalmente se suelen ir a buscar trabajo donde lo hay, que es en la ciudad», lamenta.

«El problema es que hay muchas tierras que siguen estando en propiedad de personas que no las explotan», contextualiza Saz. «Queremos que se produzca esa transición y que esos agricultores las pongan en manos de los jóvenes que sí que las pueden explotar y dinamizar». La solución lo sería tanto para estos, que encontrarían un trabajo, como para la España vaciada, que podría arraigar en el territorio no ya sólo personas, sino familias.

Renovables.

Otro proyecto tractor que permitiría revitalizar las zonas sería la instalación de fuentes de energías renovables como paneles solares o aerogeneradores.

 No obstante, desde las zonas rurales se mira con cierto recelo: no quieren que las empresas energéticas ensucien el paisaje con sus placas y molinos y que después los pocos trabajos locales que genera su mantenimiento -la instalación también trae empleo, pero temporal- se vayan fuera de la zona.

Los más críticos dicen que es una política colonialista. Saz, cree que esta terminología es algo «radical», pero sí incide en que hay «muchísimo territorio» y que podrían aprovecharse para ello las zonas con poca población en lugar de aquellas con turismo, agricultura o ganadería. «Poner una renovable va a generar un negocio para personas que están en Madrid y perjudicar a personas que están en el territorio y tienen un negocio montado», explica el coordinador. Para los jóvenes de la España vaciada, la repercusión de las renovables debe ser tan global como local: «no queremos que nos des dinero, lo que queremos es que te impliques, que te vincules con el territorio y que generes actividad económica».

«Van a terminar estropeando los pocos sitios que quedan vírgenes por culpa de los aerogeneradores», advierte Ochoa. Bodelón también apunta que las empresas que llegan siempre son de fuera, no ya sólo de la zona, sino incluso del país. «Aquí llega una empresa noruega, instala las palas eólicas y el mantenimiento lo hará otra empresa externa, porque no hay ninguna autóctona», denuncia. «Venden al pueblo que van a crear puestos de trabajo, pero ¿cuánta gente hay aquí capacitada?», apostilla Suárez. El impacto en un paisaje que también genera empleo con el turismo, además de orgullo, es otro de los problemas; «es una cuestión de soberanía y aquí no decidimos ni el agua que bebemos», resume Bodelón. Finalmente Suárez relaciona este nuevo problema con los propios de la España vaciada: «juegan al engaño puro y duro porque son zonas acostumbradas a la miseria: les ofrecen una miga de pan y compran la idea».

A pesar de todo, Saz cree que las zonas rurales aportan algo que no está tan presente en las ciudades: «la España vaciada tiene una proximidad y apertura a conocer otras personas». Pueblos cada vez más pequeños y despoblados hacen que los jóvenes se vinculen y creen redes locales que permiten afrontar sus problemas -comunes al resto del país y concretos de estas zonas- juntos.

 «Hemos aprendido a preocuparnos nosotros de nosotros mismos», dice con cierto orgullo. «En la ciudad se pierde un poco ese sentido de la preocupación por las personas cercanas; la España Vaciada mantiene esa preocupación por los demás: si alguien no viene un día te preocupas, si tiene problemas te acercas a verle», mantiene Saz. «Nos está haciendo más solidarios». El propio Fiandón Berciano es una prueba de esto.

«Cada uno tiene que vivir donde quiera, pero tiene que poder vivir donde quiera», resume Ochoa. «Se piden servicios muy básicos», recuerda. «Hay gente que se va porque el propio sitio te está echando», añade Sánchez.

 Bodalán también apunta a la «configuración del discurso» en esas zonas donde vivir en el pueblo es visto como un fracaso. «Puedes ser tan cosmopolita en El Bierzo como en Washington», dice Ochoa, que rápidamente es apoyado por su compañero: «venir a un pueblo no es para ser un ermitaño; vienes con sus cosas buenas o sus cosas malas, como el que va a Madrid». En cualquier caso, ven el futuro «complejo» y apelan al principio de solidaridad que permita desarrollar territorios y a «buscar equilibrios». «Se está hablando mucho de esto en sillones de piel, pero aquí no se materializa nada», denuncia Suárez. Así que seguirán con su lucha por la España vaciada desde la España vaciada e intentando inspirar a otros. «Estamos deseando que nos copien», bromea Ochoa; «lo importante es que se hagan cosas».

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