Cierre de fronteras: argentinos varados en el exterior se movilizarán en los consulados. #Argentinos #America #Latinos #Caos #Cierres #Fronteras #Vuelos #Miami #Argentina #Varados #VaradosEnElExterior #Turismo #Gregoriff #UnaAlternativa1

La convocatoria circula por las redes sociales. Reclamarán hoy miércoles en distintas ciudades del mundo para poder regresar al país

La medida de limitar a 1.000 personas el cupo diario de argentinos que puede regresar del exterior vía aérea finalizará el 6 de agosto. A pesar de que faltan pocos días para esa fecha, los varados y representantes del sector aerocomercial no saben como actuará el gobierno nacional y cuántas plazas darán para quienes desean volver al país. 

Ante esta incertidumbre, y mientras crece la desesperación, argentinos varados lanzaron una iniciativa a través de las redes sociales para manifestarse en los consulados argentinos de diferentes ciudades del mundo, con el objetivo que las autoridades escuchen su reclamo.

Bajo el hashtag #VaradosEnElExterior, manifestaron su deseo de regresar a su hogar y lanzaron la convocatoria para reunirse este miércoles a las 10:30 (hora argentina) en el consulado más cercano del lugar en el que se encuentren. “Usá barbijo y mantener la distancia”, recomiendan, sin importar el país donde estén varados.

No es la primera vez que argentinos varados en el exterior lanzan una iniciativa de estas características. En Miami, donde muchos quedaron imposibilitados de regresar a sus hogares tras el anuncio de las limitaciones en los vuelos, se movilizaron el 9 de julio pasado en Manolo,  sobre avenida Collins, un ícono nacional de la ciudad.

“Perdimos la libertad como argentinos. Vayamos todos y seamos solidarios con los que están en esta situación desesperante… De esta tenemos que salir juntos. Es una protesta pacífica para que escuchen nuestros reclamos y dejen de atropellar nuestras ideas. Un gobierno no puede digitar arbitrariamente nuestras vidas”, dijeron a Infobae en aquella oportunidad. Un reclamo que se repite casi un mes después.

Los números sobre la cantidad de argentinos varados son inciertos. Cuando se oficializó el límite de ingresos a fines de junio, en principio con un cupo de 6.000 pasajeros por día, desde el sector privado de aeronavegación dijeron que había alrededor de 45.000 personas que no podían regresar a sus hogares. Pero Florencia Carignano, titular de Migraciones, dijo: “No hay varados. Se trata de 45.000 argentinos que declararon salir por turismo en los últimos cuatro meses”.

Actualmente, según cálculos extraoficiales, entre 6.000 y 7.000 viajeros sufren aún las consecuencias de las restricciones. Y la cantidad de varados en el extranjero no bajará: el saldo de argentinos que salen del país contra los que regresan sigue aumentando. Muchas compañías aéreas operan vuelos únicamente de carga hacia la Argentina, mientras que regresan a sus bases con los aviones llenos de pasajeros.

Ante esa situación crítica, representantes locales e internacionales del sector aerocomercial se pronunciaron a través de distintos comunicados en desacuerdo con las medidas oficiales. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), que nuclea al 80% de las aerolíneas a nivel mundial, emitió un muy duro comunicado el pasado 22 de julio en el cual acusó al Gobierno de abandonar a sus varados y que las decisiones parecen ser tomadas de forma “arbitraria y discriminatoria”.

Recientemente, desde el sector aerocomercial, fuentes de la Cámara de Compañías Aéreas en Argentina (Jurca) dijeron a Infobae que “se repite la misma historia con cada Decisión Administrativa, siempre llegamos a la misma instancia por eso desde la solicitada reclamamos la necesidad de tener previsibilidad, pero parece que nada va a cambiar”.

Entre las compañías que se fueron durante la pandemia están Qatar Airways, Air New Zealand y Latam Argentina. Mientras que la europea Norwegian ya había abandonado el mercado local a fines de 2020, previo a la crisis por el coronavirus.

 Las que suspendieron operaciones de forma temporaria —algunas con fechas de regreso previstas entre septiembre y octubre— incluyen a Alitalia, British Airways, Emirates, Ethiopian, Cubana de Aviación, Air Canada, Sky y las brasileñas Gol y Azul.

En el plano local, la Cámara Argentina de Líneas Aéreas (Jurca), también se manifestó alineada con la postura de la IATA, pidiéndole al Gobierno por una audiencia y por la revisión de las medidas oficiales.

En este breve y significativo intercambio se estaban confrontando dos ideas opuestas sobre la justicia y, más precisamente, sobre la dignidad humana. El funcionario presuponía que las personas pueden ser tratadas como instrumentos para alcanzar ciertos fines cuando estos sean de suficiente importancia, por lo cual sería razonable sacrificar el bien de algunos miles de viajeros internacionales para preservar la salud del conjunto de la población. Su oponente reflejaba, por el contrario, la convicción de que la dignidad de cada persona excluye la posibilidad de someterla a semejante trato. Más allá de lo que dictaminen los jueces, lo que está en juego en este caso es el reconocimiento de la persona como “sujeto, fundamento y fin de la vida social” (Pío XII).

Para muchos, sin embargo, lo dicho es reflejo de un moralismo poco sofisticado, propio de quienes “no entienden de política”. En su opinión, plantear los debates políticos en términos éticos –en el contexto de la actual fractura ideológica que sufre nuestro país– solo serviría para “demonizar” al adversario. Pero no es así: sostener que las restricciones al regreso de quienes han viajado al extranjero son gravemente injustas no implica arrogarse autoridad para juzgar la conciencia de los funcionarios responsables. Al contrario, corresponde presumir que ellos procuran sinceramente proteger la salud pública. Pero la cuestión ética no suele plantearse solo en el plano de los fines e intenciones, sino –y con más frecuencia– en el de los medios. Dejar “varados” y librados a su suerte a miles de argentinos en el extranjero, aun invocando importantes razones sanitarias, ¿es o no éticamente aceptable?.

Los partidarios de la visión “neutral” de la democracia rechazan este tipo de preguntas porque –en su opinión– nos encerrarían en un debate sobre opiniones subjetivas, tan insuperable como una discusión sobre preferencias en materia de vinos o helados. En política sería necesario mantenerse en el plano “objetivo” de la legalidad y la eficacia. Pero desconectados de una idea correcta de justicia, estos criterios se convierten rápidamente en excusas para la arbitrariedad. ¿Cómo evitar, por ejemplo, la sospecha de que detrás de las razones alegadas, la medida en cuestión está motivada en realidad por el prejuicio social o el cálculo político?.

Tenemos el deber de hablar de justicia, y de hacerlo públicamente, porque el respeto de la dignidad humana no es un fruto natural y espontáneo de la democracia: es una tarea permanente. Algunos lo erosionan paso a paso invocando el interés general, mientras otros callan en nombre del pluralismo. Así, atribuyéndose un punto de vista “superior”, unos y otros dan la cara ante el drama de nuestros conciudadanos varados en el extranjero. Es que los derechos humanos son la cumbre de la conciencia ética de la humanidad. Y como sostiene Jonah Goldberg (El suicidio de Occidente, 2018), si tras haber alcanzado dicha cumbre pretendemos ir más allá, solo podemos hacer una cosa: descender.

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