El nombramiento de un radical como primer ministro espanta a los perfiles moderados del Gobierno de Castillo. #Perú #Crisis #Caos #Ministros #PedroCastillo #America #Latinos #Socialismo #Economía #Gregoriff #UnaAlternativa1

El gurú económico del presidente renuncia a entrar en el Gabinete como ministro de Economía

Pedro Castillo vive su primera crisis de Gobierno incluso antes de que le haya dado tiempo a formar un gabinete. El nombramiento como primer ministro de un político homófobico y radical, sin experiencia en gestión, ha desatado una ola de críticas que ha dado pie a una disputa interna. El que hasta ahora había sido su gurú económico, Pedro Francke, el hombre que había calmado a los mercados y se había reunido con empresarios y embajadores para asegurarles de que Perú no expropiará empresas ni intervendría su moneda, ha renunciado a ser el ministro de Economía. De noche se le vio salir solo y cabizbajo del recinto donde se iba a nombrar al resto de ministros.

 En el estrado del Gran Teatro Nacional de Lima había colocadas una mesa, una Biblia y un crucifijo. Ahí iba a celebrarse el juramento. Las televisiones no tuvieron más remedio que emitir durante horas una imagen estática de los utensilios. Nadie aparecía por allí. No fue hasta casi la medianoche, con dos horas y media de retraso, que los nuevos ministros empezaron a jurar su cargo. Dos de los ministerios clave, el de Justicia y Economía, quedaron vacantes. La crisis hizo imposible completar el puzle.

El asunto que agitó la creación del primer gabinete se fraguó por la mañana. Castillo nombró a Guido Bellido primer ministro del país. Se trata de un izquierdista radical que considera que Cuba no es una dictadura ni Sendero Luminoso un grupo terrorista. Es la cuota de poder de Vladimir Cerròn, el líder de Perú Libre, el partido que invitó a Castillo a presentarse a las elecciones bajo sus siglas. El maestro de escuela dijo en campaña que Cerrón no tomaría ninguna decisión ni integraría en su gabinete bajo ningún concepto, pero en su lugar ha puesto a alguien de la máxima confianza de Cerrón.

La designación enfadó al ala más moderada que ha asesorado a Castillo, entre los que se encontraba Francke. Los sectores de centro y de izquierda que lo apoyaron se han sentido traicionados. Algunas figuras clave han expresado públicamente su desacuerdo, sin medias tintas. Julio Arbizu y Ronald Gamarra, dos reconocidos juristas que defendieron a Castillo de las acusaciones de fraude electoral que vertió sobre él Keiko Fujimori, dijeron que este movimiento inicial es una mala jugada del presidente. “Primer error grave del Gobierno, nombrar como premier a una persona que en lugar de afirmar alianzas y consensos conseguidos los espanta. Esto más allá de las declaraciones homofóbicas que acabo de leer y son inaceptables. Espero que se recapacite el rumbo tomado”, escribió Arbizu en Twitter. “Hoy es mi último día en el Equipo (de Castillo). Aquí dejo constancia de mi alejamiento. Nada con Cerrón, nada con Bellido”, añadió Gamarra por WhatsApp.

El nombramiento de Bellido ha provocado tal polvareda que parece difícil que el gabinete pueda ser ratificado en el Congreso, como exige la ley. Necesita de una mayoría simple para salir adelante. En caso de que no lo lograra, Castillo tendría que proponer a otro candidato a primer ministro. Si ese segundo tampoco recibiera la confianza de la Cámara, el presidente podría cerrar el Congreso y convocar 

Mientras tanto, Castillo sí ha logrado reclutar al resto de ministros, algunos de ellos profesionales experimentados en sectores clave. Es el caso del exfiscal contra el crimen organizado, Juan Carrasco, que asume como ministro del Interior. El abogado ha enfrentado a las bandas de sicarios en Lambayeque, la región más afectada por las extorsiones y bandas criminales en Perú. O del ministro de Exteriores, Héctor Béjar, un intelectual de izquierdas, no adscrito a ningún partido, que fue guerrillero en los años sesenta.

La vicepresidenta Dina Boluarte, miembro del partido Perú Libre, aunque más cercana a Castillo que a Cerrón, asumirá como titular del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, que en los meses pasados tuvo el papel de organizar la entrega de ayudas a la población que cayó en la pobreza por la pandemia. Es una de las dos únicas mujeres que ha nombrado hasta ahora, de casi una veintena de cargos. El médico Hernando Cevallos, a quien Castillo reclutó desde la campaña de segunda vuelta para que elaborase las propuestas de combate a la pandemia, tomó posesión como ministro de Salud.

Castillo acababa de elegir como hombre fuerte de su Gobierno a un político semidesconocido, marxista y castrista, del ala más dura y radical del partido Perú Libre, bajo cuyas siglas él se había presentado a las elecciones. La moderación con la que había encarado la segunda vuelta de las elecciones, donde se apoyó en políticos más centrados y mesurados, se había esfumado. Comenzaron entonces 30 horas de incertidumbre que hicieron tambalear su Gabinete incluso antes de que llegara a formarse.

Los más sorprendidos eran los más cercanos a Castillo. Entre ellos dos personajes que estaban llamados a ser figuras clave en su Gobierno. Pedro Francke, un reputado economista, y Aníbal Torres, un abogado con prestigio. Uno iba a ser su ministro de Economía, el otro de Justicia. Los dos sintieron como una traición el nombramiento de Bellido. Suponía darle poder a Vladimir Cerrón, el líder de Perú Libre. Bellido funge de figura decorativa, está ahí para ser los ojos de Cerrón. Se trata de un marxista-leninista estancado en el castrismo, como si el mundo estuviera anclado en la década de los sesenta del siglo pasado.

Acabada la ceremonia en Ayacucho poco después del mediodía, Castillo voló de regreso a Lima. Presidencia emitió un comunicado en el que informaba que en cuestión de horas iba a hacerse público el nombre de los ministros. Lo que no esperaba el nuevo presidente era encontrarse una rebelión. Francke y Torres renunciaron a tomar posesión de sus ministerios. Los moderados, que representan a la izquierda más centrada, se sintieron insultados por ver a un radical, gente de Cerrón, en el puesto de más poder. El hueco que dejaron los que se negaban a integrar el Gobierno tenía que ser tapado en cuestión de pocas horas. Según la prensa peruana, el entorno de Castillo tanteó a una docena de candidatos alternativos. Se encontraron con una pared. Pocos querían entrar en unas circunstancias así.

Perú, mientras tanto, entró en un estado depresivo. Los medios locales nunca han sido benévolos con Castillo. Al revés. La misión electoral de la Unión Europea supervisó los comicios y al acabar escribió un informe que decía lo siguiente: “Ha sido una cobertura claramente sesgada de la mayoría de los medios de comunicación privados que favoreció a FP (el partido de Keiko Fujimori, la rival de Castillo) y socavó el derecho de los votantes a recibir una información equilibrada”.

 Sin embargo, la pesadumbre en esos momentos era general. El Gobierno dialogante, de mayorías, que la gente esperaba tras unas elecciones que habían fracturado el país ya no parecía posible. Solo Cerrón celebraba en Twitter lo que ocurría.

En esas horas todo el mundo quiere saber quién era realmente Bellido, el nuevo primer ministro. Se descubre que nunca ha tenido puestos de responsabilidad relevantes. Clásico cuadro medio de un partido. Su expediente universitario no luce, fue uno de esos estudiantes universitarios eternos. En debates ha negado que Cuba sea una dictadura y que Sendero Luminoso tenga que ver con el terrorismo.

 Esto último le ha valido una investigación por enaltecimiento. En redes sociales su perfil no resulta nada agradable.

En un post de Facebook transcribe unas palabras de Fidel Castro, de 1963, en las que dice que el “hombre nuevo” no puede ser “un maricón”. Uno de sus contactos le advierte de que ese es un pensamiento reaccionario de hace 60 años. Él responde en una frase confusa, sin puntos, comas ni interrogaciones, pero viene a decir esto: ¿Cuál es la diferencia? El maricón de los 60 se comían sus patas. El actual igual”. En otra ocasión se refiere a un empresario peruano y exministro en estos términos: “Gay puerco”. Más tarde, se pregunta en relación a una noticia: “¿Por qué quieren mariconizar a los peruanos a cualquier precio?”. Cerrón le da un like a esa publicación. Sobre el suicidio de un hombre que dijo que no podía ver a sus hijos por impedimento de la madre, escribió: “La mujer es tan destructiva y despiadada a la hora de mezclar sus rencores y egoísmo. No veo ninguna lesbiana ni gay que organice una movilización”.

El escenario para la jura de los ministros estaba preparado. Las televisiones emitían desde el lugar. El problema es que no había nombres para todas las carteras. La ceremonia se retrasó dos horas y media. El país estuvo en vilo. Francke abandonó el lugar del evento, cabizbajo. No iba a integrar el gabinete, se negaba. Él, que se había reunido con empresarios y embajadores para asegurarles que en este Gobierno no habría expropiaciones ni intervenciones de la moneda, como alguna vez había sugerido Castillo en sus mítines. Su sola presencia había calmado los mercados. Francke tiene influencia y reconocimiento en Lima, donde se toman las grandes decisiones empresariales del país. Sin él, la confianza en el Gobierno se ponía en duda.

Pero la composición del equipo de Castillo debía continuar. Con dos horas y media de retraso, el presidente apareció en el escenario y juró a más de una docena de ministros. Solo dos mujeres. Las carteras clave, Economía y Justicia, quedaron vacantes. Castillo, por fin, se fue a descansar al apartamento donde vive desde hace unos meses. Había sido un día largo. Comenzó con euforia en Ayacucho y acabó con decepción en Lima. Los nubarrones acechaban al presidente.

De madrugada, sin embargo, Francke apareció en el apartamento. Cuando todo parecía que había acabado. Las cámaras lo registran entrando después de medianoche y saliendo dos horas después. No dijo ni una palabra.

A la mañana siguiente el pesimismo era absoluto. Las portadas de los periódicos y los editoriales eran demoledores. Sin matices. Los analistas políticos, de todos los colores, parecían desconcertados. Las críticas le caían de Castillo por todos lados, incluso de sus aliados. La improvisación y algunos bandazos que había dado el profesor de escuela en campaña habían generado dudas sobre su forma de tomar decisiones, pero nadie esperaba un escenario así 48 horas después de tomar posesión. El mercado se resintió. La bolsa cayó un 6%. El dólar alcanzó su máximo histórico en Perú. Las casas de cambio colocaron un precio hasta ahora nunca visto: “Cuatro soles por dólar”.

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