El mensaje de los mercados financieros en estos momentos de incertidumbre

Los próximos meses serán una excelente prueba para demostrar cuánto saben los mercados financieros sobre el futuro. Credit Stan Honda/Agence France-Presse — Getty Images

 

Es posible que próximamente el Reino Unido vote a favor de salir de la Unión Europea, con lo que aumentarían las dudas sobre el futuro del mayor bloque comercial del mundo. Es posible que Estados Unidos elija en noviembre a un presidente que ha prometido abandonar la forma tradicional de gobernar y cambie las relaciones económicas y diplomáticas del país con el resto del mundo.

Por si esto fuera poco, el mes pasado el mercado laboral de Estados Unidos registró su menor cifra de crecimiento en seis años. Este sería el momento perfecto para que los mercados financieros mostraran señales de nerviosismo. Pero no es así. Según el índice Standard & Poor‘s 500, el mercado de valores estadounidense se desplazó ligeramente al alza en 2016.

De hecho, se mantiene cerca de las estadísticas más altas de la historia. El Vix, un parámetro que mide la volatilidad esperada del mercado, se encuentra a un nivel bajo con respecto a los estándares históricos y muy por debajo del que tenía hace solo unos meses.

Existen dos explicaciones posibles para esta situación. Una primera opción es que los mercados nos estén diciendo algo importante que los periodistas exagerados y los expertos no nos quieren decir.

Otra opción es que algunas fallas profundas de los mercados limiten su capacidad de vislumbrar los riesgos que se aproximan, en particular cuando no solo las probabilidades de esos riesgos son inciertas sino que también sus resultados, en caso de materializarse, son inciertos.

La historia de los “mercados realmente eficientes” diría algo así: a fin de cuentas, es probable que el Reino Unido vote a favor de seguir en la Unión Europea. Es probable que Donald Trump no resulte electo presidente. Es probable que la economía estadounidense siga bien a pesar de las cifras bajas de empleo que se registraron en mayo.

Incluso si alguno de estos pronósticos fuera erróneo, las consecuencias que podría tener en la economía real y las ganancias de las empresas no serían tan graves como nos han hecho creer los alarmistas.

La economía británica, en esencia, se mantendría sana mientras el país renegocia sus relaciones comerciales; el gobierno de Trump sería más parecido al de un presidente convencional que lo que sugieren sus declaraciones actuales, y si la economía estadounidense sufriera una caída, esta será ligera y breve.

Algunos inversionistas siguen comprando acciones, bonos y divisas porque tienen la sabiduría suficiente para ver más allá del alboroto, a diferencia de los periodistas exagerados y los expertos.

El otro argumento es más estremecedor.

Los mercados incorporan muy bien las noticias a los precios de los activos cuando todo está claro y no hay duda de cómo se afectarán unos a otros. Cuando una empresa publica un informe sobre sus ganancias, los analistas pueden interpretar con rapidez el efecto que debería tener en el precio de las acciones, y estas se comportan de acuerdo con la situación.

Cuando se dan a conocer datos que hacen un 10 por ciento más probable un aumento en la tasa de la Reserva Federal, es muy sencillo traducirlos en un precio adecuado para los bonos del Tesoro y el dólar. Cuando deja de operar un ducto petrolero, tiene un efecto relativamente directo en el precio del crudo.

Así que los comerciantes son muy eficientes cuando se trata de reflejar noticias de este tipo que afectan los precios de los activos a corto y mediano plazo. Pero tienen muchos problemas cuando intentan predecir, entre varios factores que representan amenazas importantes para la economía global, cuáles se dispararán fuera de control y cuáles terminarán teniendo un efecto ínfimo.

Analicemos dos ejemplos de años recientes que siguieron vertientes opuestas. Durante el verano y otoño de 2011, algunos inversionistas se mostraron alarmados ante la posibilidad de que la eurozona se desbaratara como consecuencia de la crisis fiscal desatada en Grecia. Los mercados de valores globales, las materias primas y los esquemas de deuda de alto riesgo se desplomaron, mientras que la volatilidad se disparó.
Pero todo salió más o menos bien. Más adelante ese año, el Banco Central Europeo y algunos líderes políticos tomaron medidas más agresivas que contribuyeron a calmar las aguas. También hay que considerar que, aunque la economía europea no está en muy buena forma, Europa no experimentó ninguna crisis financiera de proporciones épicas.

Quienes se arriesgaron a comprar valores de la eurozona en septiembre de 2011 obtuvieron rendimientos del 51 por ciento sobre su inversión. En otras ocasiones, en vez de reaccionar con angustia ante los cataclismos, los mercados financieros tienen una actitud demasiado complaciente.

Lo que ahora llamamos crisis financiera global comenzó a mediados de 2007, cuando los valores relacionados con hipotecas empezaron a acumular pérdidas y los mercados globales de dinero se congelaron. Pero tras algunas acciones iniciales de la Reserva Federal y otros funcionarios de gobierno para contener los daños, los mercados financieros repuntaron 11 por ciento entre mediados de agosto y mediados de octubre, con lo que impulsaron el mercado de valores al alza por lo que, en apariencia, la situación se perfiló hacia una recuperación positiva.

Como sabemos, resultó que a la vuelta de la esquina nos topamos con una recesión grave y una crisis financiera catastrófica. Quienes invirtieron en activos de alto riesgo, desde acciones hasta valores respaldados con hipotecas, sufrieron grandes pérdidas a fines de octubre.

Algunas mentes brillantes, como los estrategas de Goldman Sachs, plantean la teoría de que los mercados podrían estar en una situación similar en este momento.

También podría ser que los mecanismos normales que traducen esos temores en precios más bajos de las acciones y mayores índices de volatilidad no funcionen en este momento; muchos “macrofondos” de cobertura que apuestan por cambios radicales en la economía global han perdido dinero durante los últimos años, y algunos han cerrado.

Incluso en ese caso, los próximos meses serán una excelente prueba para demostrar cuánto saben los mercados del futuro. Y en vista de los encabezados pesimistas de los meses recientes, quienes quieran evitar perderlo todo deberían rogar porque estén en lo correcto.

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