El Crack de 1929: La peor burbuja de la historia (De Momento…)

Esta vez toca analizar algún hecho histórico bursátil. No solamente un hecho, sino “el hecho” que sucedió en Estados Unidos y que provocó la Gran Depresión. ¡Exacto! Verás lo que sucedió exactamente en el gran crack de 1929. Como se creó la burbuja especulativa que dejó a miles de personas en la miseria, que provocó suicidios y sumergió a Estados Unidos en su mayor depresión de la historia.

Analizaré la propia historia que es muy curiosa e interesante y añadiré temas bursátiles para que todo se entienda perfectamente. Así entenderás como funcionaba la bolsa por aquel entonces, como se forma una burbuja y los riesgos en los que no se debe incurrir.

Bien, primero, sitúate en el marco histórico. Estados Unidos, gran potencia en el mundo después de finalizar la primera guerra mundial. El sentimiento patriótico a flor de piel, se creían los reyes del mundo y estaban viviendo una etapa de su historia muy gratificante y placentera que creían que duraría para siempre. Por primera vez se instala el “compre ahora, pague después”. El acceso al crédito era facilísimo y todo el mundo, desde el director de un banco hasta un limpiador de zapatos, podía endeudarse y vivir por encima de sus posibilidades.

El Estado creó los “Bonos libertad” y por primera vez los ciudadanos vieron que podían obtener rentabilidades interesantes por sus ahorros. La gente compraba bonos y era muy feliz. Si se hubiese quedado aquí todo hubiese sido muy bonito pero siempre hay mentes codiciosas que buscan alimentarse de inexpertos desinformados para hinchar sus carteras. Así, Charles Michel, presidente del National City Bank, viendo el público inversor que se había creado, decidió sacar al mercado bonos corporativos o acciones y le dijo a la gente que eran inversiones con poco riesgo y respetables.

La bolsa hasta aquel entonces era un mercado en el que solo invertían expertos, muy restringido al público y que se comportaba como un mercado  competitivo rigiéndose a las leyes de oferta y demanda. En este punto, el mercado especulativo se abrió al mundo y todos quisieron sumarse a los grandes agentes financieros que obtenían grandes rentabilidades por su dinero.

Michel abrió agencias de corretaje por todo el país (eran lugares donde se podía invertir en bolsa, se actualizaban los valores a cada segundo y era necesario acudir para poder comprar o vender. Allí se te proporcionaba un papel para dar validez a tu compra o venta y éste debía ser conservado) y llegó al alcance de todo tipo de personas en Estados Unidos. La gente estaba encantada.

Se creó un gran mercado alcista que parecía que no bajaría nunca. En los años 20 se llegaban a obtener beneficios de 17.000$ con un capital de 3.500$. Esto supone un 385,7% de rentabilidad por tus ahorros, una exageración sin precedentes. La situación se embelleció aún mas por la venta de acciones a crédito que se estaban produciendo, todo el mundo se endeudaba y las agencias permitían un apalancamiento 1:10, es decir, invertir con 10 veces tu capital. La gente compraba las acciones con criterios tan buenos como el hecho de que un famoso la comprara. Todo el mundo iba a hacer fortuna incluso los limpiadores de zapatos de los agentes financieros.

En este punto de la historia debemos hacer un parón y analizar lo que está sucediendo fríamente. Ya sabes que la bolsa sube o baja dependiendo de lo que la demanda esté dispuesta a pagar (o del precio al que esté dispuesta a vender la oferta), bien, aquí la demanda crecía sin precedentes. En vista del gran beneficio que todo el mundo estaba obteniendo la gente no le importaba cuanto pagar por las acciones siempre y cuando subieran. Éste exceso de demanda provocó que los valores creciesen y creciesen sin control, fuesen de la empresa que fuesen, no importaba porque estaban subiendo. Así se creó la burbuja donde todo el mundo ganaba dinero.

La locura especulativa se apoderó de Wall Street. Uno de los principales problemas fue que era habitual el abuso de información privilegiada. La bolsa no era justa ni democrática, era un gran casino dirigido por especuladores profesionales. Los inversores invertían sus ahorros de toda la vida y sufrieron un abuso.

Paul Warbur, un banquero estadounidense lanzó un aviso de la burbuja que se había creado y avisó de una enorme depresión pero nadie le quiso escuchar, lo hicieron callar. Nadie escuchaba a las personas que querían pisar la realidad y la gente seguía envuelta en su “sueño americano”

Se continuó invirtiendo mucho y aumentando la burbuja. Hubo un momento en que algunos inversores profesionales se dieron cuenta de que el mercado se estaba sobrecalentando. Los más profesionales y astutos se salieron. John Kennedy llegó a decir: “Si el limpiabotas sabe tanto como yo sobre el mercado de valores tal vez es hora de que yo lo deje”.

Así llegamos al punto máximo y de inflexión de la burbuja, la tendencia de los valores se iba invirtiendo levemente, el mercado se había vuelto más volátil y el malestar aumentaba. Toda la burbuja se provocó por un exceso de confianza de los ciudadanos y cuando esta confianza cae, no hay nada que hacer.

Miércoles 23 de octubre de 1929: nadie sabe que provocó la pérdida de confianza  pero al final de la sesión se vendieron muchas acciones del sector del automóvil bajando mucho la cotización. Esto provocó un frenético negocio de última hora. Al día siguiente comenzó el gran crack, jueves negro.

La apertura del día siguiente fue caótica, el mercado empezó a caer fuertemente provocando el pánico en los ciudadanos. Miles de personas se congregaron frente a la bolsa a expensas de informarse de lo que estaba sucediendo, eran personas arruinadas. El NYSE (New York Stock Exchange) permaneció cerrado ese día y nadie que acudió podía vender sus acciones (realmente no importaba que estuviese cerrado porque el mercado se había quedado sin liquidez, nadie quería comprar viendo la desconfianza que había en ese momento y el vuelco que pegó el Daw Jones).

Ya se había roto la burbuja. La reacción popular fue: esto no puede estar pasando. Sin embargo dentro de la bolsa los agentes estaban muy tranquilos ya que supieron salir a tiempo. Ese día los principales jefes de los bancos se reunieron para intentar solucionar la situación, invirtieron grandes sumas de dinero para remontar los valores y volver a generar confianza en los inversores. El mercado remontó, incluso los periódicos anunciaban: “La crisis de la bolsa ha pasado”, pero esta inyección de confianza no fue suficiente. El principal problema era que se invirtió con dinero prestado, cuando la bolsa sube las rentabilidades son elevadas y todo es muy bonito, pero cuando baja es desesperante. La gente lo perdió todo y aún le seguía debiendo dinero a las agencias. El dinero había desaparecido. ¿Dónde estaban las sumas de dinero que parecían estar invertidas? Simplemente no estaban, se habían creado de la nada y eran solamente números. 25.000 millones de riqueza personal habían desaparecido. La gente no se sentía tan mal diciéndose: lo he perdido todo en el peor pánico de la historia.

No todo el mundo pudo asumir sus perdidas y mucha gente se suicidó. Se hundió la confianza en la economía y el crack de la bolsa provocó la caída de los bancos. Los bancos cerraron porque dejaron de ser solventes. 3000 bancos cerraron en los 2 años siguientes. Después de aquello la gente guardaba el dinero bajo el colchón.

Cambió la vida de mucha gente, la pobreza les rodeaba, estaban en la gran depresión.

¿Una historia curiosa verdad? Es interesante ver como se desploma un país por la codicia. Por la ingenuidad de la gente de a pie que creían que la bolsa nunca baja. Las burbujas son muy peligrosas ya que hay un punto en el que explotan (véase la actual situación de España provocada por la burbuja inmobiliaria) y en ese momento crean desastres. No podía ser que el mercado subiese y subiese sin parar, todo tiene un techo pero a veces los seres humanos no lo vemos y nos dejamos cegar por la confianza.

Conclusiones para invertir:

1-      Cuidado con los productos apalancados, estas apalancado tanto cuando el mercado sube como cuando baja.

2-      Conoce el funcionamiento del mercado y no te dejes guiar por lo que oigas de la gente y menos por lo que te aconsejen los bancos. Crea tu propio método y cíñete a él.

3-      Asegúrate de que el valor en el que entras tiene liquidez, sino no podrás recuperar nunca tu inversión.

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