La próspera Suiza cierra fronteras

A pesar de su saneada economía y de precisar de mano de obra cualificada, el país ha votado a favor de instaurar cuotas sobre el número de extranjeros | Los bancos suizos desconfían de una posible fractura interna del país y tiemblan ante la idea de un conflicto con Europa

Suiza es próspera: la tasa de paro es del 3,5% y se prevé un crecimiento del PIB del 2,4% en el 2014. Pero la llegada de 80.000 extranjeros anuales en un Estado que cuenta con ocho millones ha sido percibida como insoportable

 

La próspera Suiza cierra fronteras

Portada del suplemento ‘Dinero’ del domingo 16 de febrero de 2014

La sacudida ha sido importante hasta en los Alpes suizos. El 9 de febrero una estrecha mayoría de la población aceptó una iniciativa lanzada por la derecha conservadora (el partido UDC) “contra la inmigración masiva” para instaurar cuotas sobre el número de extranjeros en el país. Y, sin embargo, Suiza es próspera. La tasa de paro es del 3,5%. Las previsiones pronostican un aumento del PIB del 2,4% en el 2014. Pero la llegada de 80.000 extranjeros anuales en un Estado que cuenta con ocho millones ha sido percibida como insoportable. 

La adopción de esta propuesta obliga a Suiza, en un plazo de tres años, a renegociar con Bruselas el acuerdo de libre circulación de las personas. Una negociación que se anuncia muy difícil. Aunque fue estudiante en Ginebra, José Manuel Barroso ya ha advertido que Bruselas rechazará “cualquier tipo de bricolaje” en torno de una de las ideas centrales de la construcción europea. 

A los diplomáticos helvéticos van a salirles canas en los próximos meses. Una vez más, tendrán que explicar todas las sutilezas de Suiza, la democracia directa, el peso de los cantones, el frágil equilibrio de un país en el que se hablan cuatro lenguas. 

Esta votación ha frenado las negociaciones entre Suiza y la Unión Europea, sobre todo en la apertura del mercado eléctrico. Berna estaba dispuesta desde diciembre del 2013. “Pero el mandato europeo ha quedado congelado a causa de la subida de la fiebre helvética despertada el 9 de febrero”, resume desde Bruselas, Jean Russotto, abogado suizo del gabinete Steptoe & Johnson

Después del referéndum, que ha dividido a Suiza en dos (50,3% a favor; 49,7%, en contra), el presidente de la Confederación helvética, nacido en Neuchatel, Didier Burkhalter, explicó por su lado a una población desorientada que Suiza podría arreglárselas con “cohesión, tranquilidad y lucidez”. 

Poco más de veinte años después de la primera sacudida, cuando el pueblo suizo rechazó la entrada en el Espacio Económico Europeo (EEE), una especie de escalerilla hacia Europa, se está dibujando una doble fractura en el seno de un país al que horrorizan los conflictos. La última guerra que libró Suiza fue la de Sonderbund, en 1847. Guerrearon protestantes contra católicos, duró unas semanas y hubo menos de cien muertos. 

Pero el voto del 9 de febrero amenaza la cohesión suiza y reaviva otras tensiones. Entre las grandes ciudades prósperas donde abundan los extranjeros y los campos abandonados donde viven los suizos. Y entre los cantones francófonos y eurófilos, y los cantones germánicos y eurófobos.

Paradójicamente, Ginebra (60% en contra) ha rechazado esta iniciativa xenófoba aunque su tasa de paro alcanza el 5,6%, mientras que Schwyz, uno de los tres cantones que fundaron Suiza en 1291, la aceptó (63% a favor) con una tasa de paro del 1,7%. Más del 40% de los habitantes de Ginebra son extranjeros, pero el ginebrino no tiene ningún miedo a ser invadido. Sabe que Suiza también debe su prosperidad a los extranjeros. Que las empresas necesitan ingenieros alemanes o informáticos franceses. Y los 70.000 españoles que viven en Suiza participan también completamente del éxito de este pequeño estado alpino. 

En el campo, es mucho mayor la desconfianza hacia el extranjero, que es visto como un aprovechado. Demasiado perezoso. Y no lo suficientemente consciente de la suerte que tiene de vivir en este paraíso terrenal. Sus habitantes tienen trabajo pero también miedo a perderlo. 

Incluso un emprendedor como Thomas Minder, que casi consiguió él solo que se aprobara una iniciativa popular contra las “remuneraciones abusivas” de los grandes empresarios y directivos, ha apoyado a la UDC en esta ocasión. El patrón de una pyme del cantón de Schaffhausen, donde el texto fue aceptado por el 58% de los votantes, simboliza la desconfianza de los suizos hacia los alemanes, y concretamente a los 280.000 que viven en Suiza. Con esta segunda victoria, Thomas Minder se ha convertido en un héroe. Y a los suizos les gustan los héroes. 

El Winkelried del siglo XXI

Thomas Minder es un poco el Winkelried del siglo XX. ¿Winkelried? El guerrero que, según la leyenda, permitió a los suizos expulsar a los austriacos aplastándoles en la batalla de Sempach, en 1386. Winkelried se habría tirado sobre las lanzas de los austriacos para provocar una brecha y permitir que los soldados helvéticos vencieran a las tropas de los Habsburgos. Antes de lanzarse hacia delante habría soltado “cuiden de mi mujer y mis hijos”. Pero en los cafés de Ginebra, las malas lenguas sostienen que la auténtica frase habría sido “¿quién es el cerdo que me ha empujado?”.

En el fondo, poco importa la veracidad de la leyenda. Todavía hoy, Guillermo Tell es una de las figuras míticas de Suiza y su ballesta es utilizada por la industria como certificado de la calidad del made in Switzerland. Una calidad que siguen reivindicando los fabricantes de queso o de chocolate. 

Los bancos reivindicaron durante mucho tiempo esta noción de “calidad”. Pero, cuando el secreto bancario está destinado a desaparecer, los bancos suizos desconfían de estas fracturas internas y tiemblan ante la idea de que se cree un conflicto con Europa. Condenados a cerrar las cuentas de los europeos que venían a esconder en Suiza un dinero no declarado, las entidades financieras tienen que buscar nuevos mercados e intentar convencer, en Barcelona y en Madrid, que son mejores que sus competidores. Es urgente. Entre el 2000 y el 2012, el número de bancos ha pasado de 375 a 297. Motivo para perder la calma y la lucidez. Aparecen grietas inquietantes en el paraíso terrenal

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