Pintada de las bandas LATINOAMERICANAS mas peligrosas de España.#Bandas #Latinos #España #Barcelona #Madrid #Jovenes #Delincuencia #Pandillas #Barrios #Crisis #Pobreza #Gregoriff #UnaAlternativa1

No se suelen ver, pero están ahí. Es una realidad que, aunque no llega a ser un problema, hay que tener controlada, pues puede llegar a hacer mucho daño a la sociedad. Sobre todo, a la de los barrios más pobres y precarizados.

La Fiscalía de la CAM, en un informe publicado, estima que, en la capital y su área metropolitana, existen unos 1200 pandilleros, todos ellos miembros activos de bandas criminales de origen Latinoamericano. 

Las bandas latinas se implantaron en España en 2001. Al principio fueron dos y solamente dos: Latin King y Ñetas. Se camuflaban bajo la apariencia de organizaciones culturales contra el racismo. Así presentó a los Latin Kings su fundador en España, Erik Velastegui, en el programa de televisión El Diario de Patricia. Velastegui es conocido como «King Wolverine» (Rey Lobezno).

Pero pronto, aquellas asociaciones se destaparon como lo que eran en el resto del mundo. Organizaciones de corte criminal que se financiaban mediante ilícitos como la extorsión, el robo o el tráfico de drogas. Las guerras que mantenían entre ellas por el control de las discotecas latinas de Madrid y Barcelona, además, provocaban sangrientos sucesos.

La opinión pública descubrió la peligrosidad de las bandas latinas en 2003, tras el asesinato en Barcelona de un colombiano de 17 años llamado Ronny Tapias a la salida del instituto. Lo mataron los Ñetas al confundirlo con un Latin King al que buscaban. Salieron entonces a la luz los tremendos ritos iniciáticos para ingresar en estas pandillas. Los nuevos miembros se veían obligados a aguantar palizas de sus propios compañeros de entre 1 y 5 minutos (según el rango). O recibían un número determinado de latigazos. O eran enviados a matar a miembros de bandas rivales. 

Ser sólo dos bandas tiene la ventaja de la hegemonía, pero también los inconvenientes de estar siempre en el foco. La presión sobre las pandillas se acentuó a partir de 2010. Se estrechó el cerco policial. 

Barcelona y Madrid propinarían en esos años varios golpes a las cúpulas de las dos bandas, desmantelaron sus estructuras y mandaron a la cárcel a sus principales dirigentes, muchos de ellos por delitos de sangre. El fundador de Latin King, por ejemplo, el de El Diario de Patricia, fue condenado a 20 años por violación. Cayó King Wolverine igual que King Manaba o King Joker. Los más veteranos.

La cárcel, la crisis y el vacío de poder

Las consecuencias de aquellos grandes golpes fueron varias: la primera, el desmembramiento de Ñetas y Latin King. Sus dirigentes más peligrosos y carismáticos dejaron grandes vacíos de poder. Tanto dentro de sus bandas como fuera. Dentro porque de repente, novatos y advenedizos se veían a tomar las riendas de la ‘nación’. Fuera, porque salió competencia con otras bandas nuevas.

Muchas de ellas se nutrieron de antiguos Latin y Ñetas que huyeron, asustados por el ruido mediático. Se atomizaron y llegaron a formar pequeñas bandas independientes con poca fuerza, como Base 6, Vatos Locos, Los Lobos o Los Menores. Muchas fueron absorbidas por bandas más potentes de nuevo cuño, como Blood-901 o Forty Two.

También sucedió que la crisis económica en España provocó que muchos ecuatorianos regresasen a su país. Eso menguó de forma notable el ejercito potencial de las bandas de ecuatorianos. El contrapunto a esta diáspora lo dieron los dominicanos, cuya comunidad cada vez es más numerosa en nuestro país.

Llegan los sangrientos (y nacionalistas) dominicanos.

Ese fue el principal problema: que los dominicanos se montaron por su cuenta. Al principio se veían abocados a integrarse en una de las dos grandes bandas comandadas por ecuatorianos. Pero su debilitamiento hizo que los jóvenes de caribeños fundasen bandas con sus símbolos nacionales. Así llegaron a España DDP (Dominican don’t play) y Trinitarios. Para muchos, son las que mandan ahora en Barcelona. Todas estas pandillas entraron en la capital en el año 2005, a raíz del aumento de la inmigración desde países latinoamericanos por los años de bonanza en el sector de la construcción en España. Aunque la actividad de estas mafias se redujo al mínimo en el año 2013, cuando la Policía Nacional descabezó al grupo Latin Kings, uno de los primeros en establecerse en la capital, desde el año 2017 se ha visto un incremento de su actividad, con lo que eso supone: tráfico de drogas (en la mayoría de los casos, en forma de menudeo de marihuana y cocaína), peleas multitudinarias entre miembros de bandas rivales, atracos a ciudadanos sin vinculación con estos grupos y, en última instancia, el aumento de los apuñalamientos en Madrid, contabilizándose hasta una decena en el último mes. 

Según el citado informe de la fiscalía, los 1200 miembros de estas bandas se distribuyen en casi 400 grupos diferentes, la mayoría de ellos minoritarios, como los Blood, los Miami Boys, los Yankis o los Latin Kings. Sin embargo, hay tres pandillas que se encuentran en una guerra declarada por controlar los diferentes coros (en el argot de estos grupos, territorios) de Madrid y su área metropolitana. Estos son los Ñetas, los DDP y los peligrosos Trinitarios. Se estima que solo estas tres bandas tienen a 800 pandilleros en sus filas.

Los Ñetas son el grupo más minoritario de estos tres. Desde que en el 2013 la Policía Nacional desarticulara la cúpula de los Latin Kings en Madrid, quizá la banda criminal de origen latino más famosa de todas, se convirtieron en la tercera pandilla con más adeptos. Los cálculos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado estiman en 100 los miembros de esta organización criminal.

Los orígenes de este grupo se remontan al Puerto Rico de los años setenta, concretamente a la prisión de Oso Blanco, en la ciudad de Río Piedras. Después de una serie de disturbios y motines violentos en el penal, esta organización se posicionó como el principal grupo de control y tráfico de drogas entre los presos. En la primera década de los dos mil, dieron el salto a Barcelona y Madrid, desde donde se extendieron a otros países como Ecuador.

Aunque en Madrid solo cuentan con 100 miembros, los Ñetas son extremadamente violentos. Se caracterizan por usar machetes y armas de fuego en algunas de las peleas en las que se ven involucrados por el control de los coros. Su principal feudo madrileño es el barrio de Puente de Vallecas, donde están tan extendidos que no reciben competencia de ninguna otra pandilla rival.

El segundo grupo con más adeptos dentro de la capital española son los DDP, los Dominicans Don’t Play (en español, «los dominicanos no juegan»). Sus orígenes se remontan al 1990, cuando varios ciudadanos dominicanos residentes en Nueva York fundaron una asociación cultural con el fin de reivindicar los derechos de sus compatriotas en los Estados Unidos.

Rápidamente, la organización fue adoptando los característicos tintes de una mafia criminal. El tráfico de drogas, el control de los territorios y la extorsión se convirtieron en sus principales actividades delictivas. Al igual que los Ñetas, se introdujeron en España en el 2005. Actualmente, el rojo y azul (colores de esta pandilla y tonos de la bandera dominicana) ya está extendido por los barrios de Chamartín, Lavapiés, Aluche y Carabanchel.

Por último, el grupo más peligroso y con más adeptos es el de los Trinitarios. Caracterizados por portar pañuelos de color verde, su inconfundible distintiva, fueron los que más retrasaron su entrada en la capital, pero ya son los más extendidos: hay contabilizados más de 400 pandilleros de esta banda solo en Madrid, la mayoría de origen dominicano. Se cree que sus tentáculos empezaron a abrazar España a principios de 2010. Controlan por completo el tráfico de drogas en el barrio de Cuatro Caminos, donde tienen su coro más fuerte. Además, dominan también los territorios de Usera, Villa de Vallecas y Fuencarral.

Estas tres bandas se encuentran involucradas en una disputa por el control de los principales territorios de Madrid desde que, en el 2019, los propios Trinitarios le declaran la guerra a los Ñetas y los DDP. Los principales territorios disputados por las bandas son San Blas, Canillejas y, sobre todo, Villaverde y San Cristóbal de los Ángeles, dos de los barrios con la renta per cápita más baja de Madrid. «Madrid no es Puerto Rico. Aquí no hay muertos a diario, pero sí peleas. Mucha gente ni se entera», asegura Jesús, un chico de veintidós años vinculado a los Trinitarios.

Para Laura Merino, psicóloga experta en grupos de manipulación destructivos con 12 años de experiencia, estas bandas criminales actúan como sectas destructivas: «No es que actúen como sectas: es que lo son», matiza. «Usan las mismas técnicas de persuasión y adoctrinamiento que una secta religiosa. Prometen a sus aspirantes una vida mejor, un futuro, pero luego los despersonalizan. Les roban su identidad para que no tengan más personalidad que la de ser miembros de una banda. Les cambian el nombre, los visten de la misma forma, y todo para que su única opción de prosperar sea rindiéndole pleitesía al grupo».

El perfil de los integrantes de estas pandillas, sobre todo de los novatos, es el de hombre joven, de entre 15 y 25 años, sin recursos económicos y de familia desestructurada. Aunque puede parecer que los integrantes de estas bandas son exclusivamente de los países de origen de la organización, en sus filas pueden encontrarse a chavales de otras nacionalidades, como marroquíes o españoles. «Por ejemplo», asegura Laura Merino, «en Barcelona se detuvo al líder de los Latin Kings y resultó ser catalán».

Sexo 

Estos grupos no dejan de ser estafas piramidales en la que los de abajo curran y los de arriba viven bien: los miembros de abajo realizan actividades como tráfico de drogas para así pagar cuotas mensuales por pertenecer a la organización. A cambio de esto, reciben protección, sexo y una profunda sensación de pertenencia.

Aunque el menudeo de drogas, sobre todo cocaína y hachís, suele ser su principal actividad, al tenerse declarada la guerra entre ellos protagonizan multitud de episodios violentos, como peleas grupales o navajazos a plena luz del día. En algunos casos, se ha llegado a ver armas de fuego entre medias, como cuando en abril de este año un pistolero de los Dominican intentó asesinar a tiros a un miembro de los Trinitarios en Ciudad Lineal, un coro muy disputado.

También se está convirtiendo en un tema de conversación estival cómo, en lo que llevamos de verano, se ha visto un incremento de los ataques por arma blanca, vinculados directamente al auge de la actividad de estos grupos armados durante agosto.

Uno de los puntos calientes frecuentados por bandas en Madrid es el parque de los Pinos, la frontera que divide los barrios de Villaverde Alto, Villaverde Bajo y San Cristóbal, zonas disputadas por Trinitarios y DDP. En este parque, la Policía ha realizado varias detenciones por las múltiples reyertas entre bandas latinas que se han sucedido en lo que llevamos de 2021.

Alberto, un vecino de Villaverde Bajo que pasea a su perro por la noche en este parque, asegura a este periódico que es fácil encontrarse a estos grupos haciendo botellón a altas horas de la madrugada. Además, nos cuenta también que la guerra ha trascendido más allá del conflicto entre bandas latinas: «Los Trinitarios se pegan también con grupos de marroquíes. Los ven como una amenaza territorial».

Mientras estas bandas siguen avanzando por el underground madrileño, sus captadores siguen buscando a nuevos adeptos en institutos y zonas marginales. «La mayoría de sus técnicas de captación son secretas», sigue relatando la psicóloga Laura Merino, «pero se conocen algunos datos. Por ejemplo, sabemos que el rito de iniciación de los Latin Kings consiste en que el aspirante a sodado tiene que aguantar una paliza de 13 segundos por parte de los miembros más veteranos de la banda. En los Trinitarios, obligan al novato a pinchar a tres personas aleatorias en el metro. Tienen que demostrar de esta forma que son hombres valientes dispuestos a hacer cualquier cosa por la organización. Además, de esta forma consiguen que sean inmediatamente perseguidos por la Policía, por lo que ya tienen un chivo expiatorio».

Aunque es cierto que el auge de las bandas latinas puede llegar a convertirse en un problema en la capital, Merino nos tranquiliza: «tampoco hay que ser alarmistas. En España no existen los mismos niveles de pobreza y desigualdad que en los países de origen de las bandas, por lo que es imposible que Madrid o Barcelona se conviertan en el Bronx».

«De hecho», finaliza su exposición la experta, «cuando una familia busca ayuda profesional para sacar a un chico de estos mundos, lo mandan a las sucursales de estas bandas en Latinoamérica. Aquí juegan a las pandillas, pero ahí es diferente. Allí son mafias establecidas que provocan muertes a diario».

¿Cuál es la estructura de estas bandas y cómo se organizan?

Por su parte, la Fiscalía de Madrid definió en su última memoria (2018) a las bandas latinas como grupos organizados y jerarquizados que defienden la supremacía de lo latino y ejecutan sus acciones en grupos de más de 10 personas cuando se trata de peleas, o en grupos de 3 a 5 miembros para perpetrar robos.

Explican que su estructura es rígida y piramidal, de tipo vertical y teocrático, «con obediencia ciega a los dirigentes que se rigen por un conjunto de reglas y leyes propias conocidos como la Constitución o la Literatura».

Se ha observado un aumento del número de menores implicados en actos violentos perpetrados por las bandas en los últimos meses a cambios en la estructura y jerarquización de estos grupos urbanos. En este sentido, la nacionalidad o la ascendencia latina ha dejado de ser un requisito, y cualquiera puede entrar a formar parte si está dispuesto a obedecer y a participar de las actividades delictivas. Por ello, la delegada del Gobierno, Mercedes González, pidió en un acto público el pasado mes de junio que se pasara del término «bandas latinas» a «bandas juveniles». «A parte de que latino tiene una connotación xenófoba, es que ya son bandas juveniles porque hay de todo, no hay solo latinos», apuntó.

A este respecto, aunque lo habitual es que en lo más alto de la jerarquía de los coros o capítulos -como se denominan las agrupaciones que controlan cada barrio- se hallen jóvenes de origen sobre todo dominicano y colombiano, lo cierto es que existe diversidad. «En los escalafones intermedios abundan los chavales españoles, también los rumanos. En los inferiores, en la parte más baja de la estructura, estamos observando cómo crece la captación de menores extranjeros no acompañados, principalmente magrebíes, a los que obligan a ejecutar las acciones más violentas, como participar en ataques con machetazos”.

Desarraigo e integración

La delegada de Gobierno en Madrid pronunció una sola palabra cuando le preguntaron cuál era la solución a esta problemática que se acentúa en los barrios más humildes de la capital: «Integración». Porque, que las bandas juveniles centren su objetivo en menores no acompañados, no es casualidad. Las bandas les proporcionan una identidad, un sentimiento de pertenencia, la oportunidad de sentirse parte de una familia en un entorno que, en la mayoría de las ocasiones, es hostil con estos jóvenes, que carecen de expectativas vitales fruto del abandono institucional y las deficientes políticas de educación e integración.

Por su parte, la Policía tiene muy claro que las bandas latinas son «escuelas de delincuentes donde se instruye y entrena en riñas, lesiones, amenazas y robos con violencia e intimidación».

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