Seguir谩 el Culto a la Pobreza 馃 驴Tiene remedio 馃く El Populismo 馃く en Am茅rica Latina? #AmericaLatina #Latinos #Venezuela #Nicaragua #ElSalvador #Chile #Colombia #Peru #Politica #Populismo #Gregoriff #UnaAlternativa1

El populismo est谩 en todas partes, pero Am茅rica Latina es su para铆so.聽Cristina Fern谩ndez de Kirchner se present贸 sin tapaboca聽en la inauguraci贸n del Congreso argentino. L贸pez Obrador, en M茅xico,聽dice que no lo usar谩 hasta cuando 鈥渘o haya corrupci贸n ya鈥. Las normas se establecen para las mayor铆as pero los l铆deres populistas est谩n por encima de ellas. El pueblo debe ver a sus l铆deres y adorarlos. El 鈥pueblo con la fe en Dios, luchando contra los Ca铆nes鈥, dice Daniel Ortega, presidente de Nicaragua.

El populismo es una marea creciente. Al regreso del kirchnerismo con Alberto Fern谩ndez en Argentina y del nacionalismo mexicano de la Cuarta Transformaci贸n obradorista, se suma el de Evo Morales en Bolivia a trav茅s de su delf铆n Luis Arce. La ola sufri贸 una resaca con la elecci贸n del banquero Guillermo Lasso en Ecuador, pero podr铆a seguir avanzando cuando Pedro Castillo, a la izquierda, o Keiko Fujimori, a la derecha, triunfe en Per煤 en la segunda vuelta en junio. El Grupo de Puebla, donde se re煤nen los intelectuales de la izquierda populista, tiene viento en popa y le hace gui帽os a los primos menos presentables del populismo de izquierda: Venezuela, Nicaragua y Cuba.

El kirchnerismo regres贸 con Alberto Fern谩ndez en 2019.
El kirchnerismo regres贸 con Alberto Fern谩ndez en 2019.Foto de consorcio de Natacha Pisarenko/EPA v铆a Shutterstock
Luis Arce y Evo Morales celebran el 26 aniversario del partido del Movimiento al Socialismo en La Paz, Bolivia.
Luis Arce y Evo Morales celebran el 26 aniversario del partido del Movimiento al Socialismo en La Paz, Bolivia.Juan Karita/Associated Press

驴Es el populismo el c贸digo gen茅tico del pueblo latinoamericano, el destino de su cultura, insensible a la tragedia venezolana, la decadencia argentina, el totalitarismo cubano, el sultanismo nicarag眉ense? 驴No pueden los latinoamericanos vivir la pol铆tica sino como religi贸n? As铆 creen los populistas.

驴Porque tanto populismo? Y sobre todo: 驴qu茅 es? No hay consenso al respecto. La mejor definici贸n es la m谩s minimalista: el populismo es nostalgia de absoluto, homogeneidad, unanimidad, m谩s all谩 de su filiaci贸n ideol贸gica formal a la derecha o la izquierda. De ah铆 su impulso totalitario a borrar los l铆mites entre individuo y comunidad, pol铆tica y religi贸n. Su avance actual es una p茅sima noticia en una regi贸n donde la democracia siempre ha sido endeble.

En el plano pol铆tico, inclina la cancha, se apodera de las instituciones del Estadopara perpetuarse en el poder. En el plano social, incita a la guerra entre ricos y pobres y lucra con el resentimiento y el odio arrojando sal sobre las heridas en lugar de curarlas. En el plano econ贸mico, sacrifica la producci贸n a la distribuci贸n, el desarrollo a largo plazo a la d谩diva inmediata, un futuro viable al consenso en el presente. Ahora que se enfrenta a la escasez y no al boom de las materias primas que a帽os atr谩s le permiti贸 a los l铆deres populistas liberalidades, es previsible que ofrezca recompensas morales: ret贸rica maniquea y simbolismo revolucionario a cambio del empobrecimiento, los abusos de poder, los conflictos y las migraciones masivas que genera.

El Times: Una selecci贸n semanal de historias en espa帽ol que no encontrar谩s en ning煤n otro sitio, con e帽es y acentos.

Es que el populismo de Am茅rica Latina expresa en la era de las masas la visi贸n org谩nica del mundo que la forj贸 en la 茅poca colonial dominada por lo sagrado. Su relato repite siempre el mismo patr贸n: 茅rase una vez un pueblo que viv铆a en paz y armon铆a pero cuya unidad se desmoron贸 a causa de una 茅lite corrupta. No cualquier pueblo, sino el pueblo elegido de los pobres, los 煤ltimos, los nadie a la espera de un Mes铆as que los redima, de una figura paterna 鈥攜 algunas veces tambi茅n materna鈥 a la que, por tanto, se le coloca en un pedestal de superioridad moral.

En palabras del polit贸logo holand茅s Cas Mudde, la 茅lite se desprendi贸 del pueblo puro amenazando su identidad, contaminando su cultura. Hasta el d铆a que un Hugo Ch谩vez o un Nayib Bukele, lleg贸 a salvarlo y a llevarlo a la tierra prometida. Esa es la cultura hegem贸nica del populismo y los principios liberales de la ilustraci贸n apenas ha ara帽ado su armadura. Su imagen rom谩ntica no tiene fundamento en la realidad latinoamericana de hoy.

Una camiseta con una imagen de presidente Nayib Bukele en un mercado en San Salvador, El Salvador.
Una camiseta con una imagen de presidente Nayib Bukele en un mercado en San Salvador, El Salvador.Salvador Melendez/Associated Press

驴Por qu茅 sorprenderse de que sus l铆deres se erijan en profetas? Un patr贸n familiar a monote铆smos y populismos, es una impronta religiosa. Su pueblo es una comunidad de fe, su pureza, la del Ed茅n; la corrupci贸n es el pecado original y la ca铆da a la historia, imperfecta y caduca.

En el humus de la religi贸n antigua crecen sus religiones pol铆ticas. El mito del buen salvaje, dec铆a el pensador venezolano Carlos Rangel, alimenta el del buen revolucionario. Por eso, las clases secularizadas tildan a los l铆deres populistas de demagogos y las masas populares los creen santos.

El momento populista 鈥攋unto a la crisis que exalta su potencia mesi谩nica鈥, se origina en una mezcla de fragmentaci贸n social, desintegraci贸n cultural y desestabilizaci贸n moral. Eso fueron el Caracazo en 1989, el estallido del gobierno argentino en 2001, la Operaci贸n Lava Jato brasile帽a en 2014. Todos estos son rasgos t铆picos de la modernidad, de su cr贸nica descomposici贸n de lazos, identidades y culturas: innovaciones tecnol贸gicas, migraciones, abismos generacionales, nuevas fronteras 茅ticas, modas globales, est谩n presentes en el populismo de hoy.

As铆 se entienden los ciclos hist贸ricos de Am茅rica Latina. Un rebote populista sigue a cada era cosmopolita y secular. As铆 fue con L谩zaro C谩rdenas en M茅xico, Get煤lio Vargas en Brasil y Juan Domingo Per贸n en Argentina despu茅s de la era liberal, as铆 con la Revoluci贸n cubana y sus 茅mulos despu茅s de la ola democr谩tica de posguerra, as铆 desde el fin del Consenso de Washington a nuestros d铆as. A la sociedad abierta y laica, el peronismo opuso el telurismo de la tradici贸n cat贸lica; el chavismo, el de los caudillos rurales; el indigenismo boliviano, el etnocentrismo. El populismo no es un ave de paso en Am茅rica Latina sino un actor protagonista, aunque cambie de nombre y forma.

Hasta aqu铆 los populismos se parecen todos. Expresan, se帽al贸 Isaiah Berlin, un af谩n comunitario. Prometen unificar al pueblo. Pero su pueblo no es el constitucional; es hist贸rico y moral, custodio exclusivo de una identidad. Como tal, es el 煤nico pueblo leg铆timo: gobernar茅 鈥渃on el pueblo鈥, declar贸 Nicol谩s Maduro frente a la derrota en las elecciones parlamentarias de 2015. Parece absurdo, pero no lo es para la l贸gica populista. Para ella, se trata de la eterna lucha del bien contra el mal, del pueblo de Dios contra el antipueblo. Por eso los populismos transforman la dial茅ctica pol铆tica en guerra de religi贸n, donde 鈥渘osotros鈥 equivale a virtud y armon铆a, el pueblo angelical. 鈥淓llos鈥, en cambio, son el 鈥済usano鈥 deshumanizado del castrismo en Cuba, el 鈥渆scu谩lido鈥 del chavismo.Hugo Ch谩vez en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre de 2009Todd Heisler/The New York Times

Para sus partidarios, el populismo es la respuesta democr谩tica a la pobreza, la desigualdad, la discriminaci贸n y una genuina reacci贸n de los perdedores de la globalizaci贸n. Como si no fueran taras antiguas, todo se remonta para ellos a las reformas de mercado de la d茅cada de 1990: la apertura comercial profundiz贸 la brecha social, las privatizaciones aumentaron el desempleo, la liberalizaci贸n financiera favoreci贸 el crimen, la globalizaci贸n de la informaci贸n exacerb贸 la 鈥渃olonizaci贸n cultural鈥. El neoliberalismo hoy como el liberalismo anta帽o son causa de la ola populista, aunque sean tambi茅n coartada.

Sin embargo, el populismo es m谩s causa que efecto de esas plagas at谩vicas, parte del problema y no de la soluci贸n. Dejemos a un lado el caso brasile帽o de Jair Bolsonaro, cuya matriz evang茅lica y de derecha recuerda al populismo nativista y antiestatista de Donald Trump. El sue帽o de los populismos hispanoamericanos, los m谩s frecuentes, es restaurar el Reino de Dios en la Tierra. Evocan el milenarismo del Antiguo Testamento. Su pueblo m铆tico es el buen pueblo fiel, su enemigo el mismo que destruy贸 la cristiandad: el liberalismo, hijo de la Reforma. De ah铆 el odio hacia Estados Unidos liberal y protestante: 鈥渆nemigo eterno鈥, seg煤n Castro; 鈥渟in alma鈥, para Eva Per贸n, con 鈥渙lor a zufre鈥, dijo Ch谩vez.Eva y Juan Domingo Per贸n en la Casa Rosada, en Buenos Aires, en 1950Associated Press

Como ese pasado imaginado de virtud y armon铆a, los populismos hispanoamericanos son por tanto unanimistas: un pueblo, una naci贸n, un l铆der. Toleran la divisi贸n de poderes y el sistema multipartidista si es necesario, pero los pisotean cada vez que pueden, como lo demuestran en semanas recientes L贸pez Obrador en M茅xico y Nayib Bukele en El Salvador. Son jer谩rquicos, el orden se crea de arriba abajo, del sacerdote a los fieles o del presidente a sus seguidores. Y corporativos: todos deben ser parte de algo, familia o partido, clan o sindicato, el grupo trasciende al individuo. Su modelo es el Estado confesional que castiga a los herejes y catequiza al pueblo. 鈥淒ios est谩 con nosotros鈥 y 鈥渘osotros seguimos su plan鈥, predicaba Hugo Ch谩vez por cadena nacional mientras se apoderaba del Estado pieza a pieza, desde el poder judicial hasta las Fuerzas Armadas. Pronto esta f贸rmula ser铆a repetida por sus imitadores.

No es todo. Si el dinero socava la pureza del pueblo y si el mercado lo corrompe, se entiende que los populismos combatan la prosperidad m谩s que la escasez, que opongan la santa pobreza a la cultura del crecimiento. Perpet煤an as铆 la miseria que dicen combatir. El escape de la pobreza nunca es para todos al mismo tiempo. Algunos lo logran, otros quedan atrapados. Lo importante es que los primeros no quiten la escalera del ascenso social para que los otros que siguen abajo puedan subirla.

Pero los populismos hacen eso, cortan los pelda帽os de la movilidad social cultivando la prisi贸n identitaria donde domina el conformismo tribal. Un organismo cerrado, aut谩rquico e indiferenciado, as铆 es su pueblo, 鈥渆l gran se帽or鈥 de L贸pez Obrador, el due帽o de 鈥渏usticia y amor鈥 de las veinte verdades peronistas. Los pobres tendr谩n as铆 que estar orgullosos de su pobreza, garant铆a de moralidad e identidad. Ascender a clase media, clase 鈥渃olonial鈥, ser铆a traicionar el pueblo. La clase media, encerrada en una tribu excluyente, es, a su vez, la custodia de la virtud: la del 鈥渃idad茫o de bem鈥 de Bolsonaro, por ejemplo.

驴Tiene remedio el populismo? Pasar de 鈥減ueblo鈥 a 鈥渃iudadano鈥 es un camino complejo. Mucho depende de la sociedad civil, de su capacidad para oponer la legalidad a la arbitrariedad, de desmontar las jaulas corporativas y las redes clientelares, de liberarse del ogro filantr贸pico, el Estado paternalista descrito por Octavio Paz. La educaci贸n y el trabajo son las claves, pero tambi茅n una cierta dosis de competencia, meritocracia, desburocratizaci贸n, apertura al mundo: palabras que el populismo odia. 隆Y ya basta con el culto a la pobreza!

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