🇪🇸España🇪🇸 a la cola de Europa en ayudas directas; El Gobierno español ha tardado prácticamente un año en dar el paso de aprobar ayudas directas para la combatir los estragos causados por la covid #España #Ayudas #Gobierno #Europa #Dinero #Pandemia #Covid19 #Gregoriff #UnaAlternativa1

El Gobierno español ha tardado prácticamente un año en dar el paso de aprobar ayudas directas para la combatir los estragos causados por la covid. Del paquete de 11.000 millones de euros con los que afrontar los coletazos de la tercera ola y el ansiado avance de la vacunación, el Ejecutivo ha comprometido 7.000 millones en transferencias directas con las que las empresas de los sectores más golpeados por la crisis podrán afrontar gastos corrientes, abonar facturas pendientes a proveedores y reducir deuda.

Al Ejecutivo le ha costado apostar por conceder ayudas directas y aún está por ver la premura con que se ejecutarán a través de las autonomías. Incluso desde el anuncio hace tres semanas del nuevo paquete de apoyo al turismo, la restauración y el comercio del presidente Pedro Sánchez fueron arrastrando los pies. Fuentes conocedoras de las deliberaciones del Gobierno confirman que la vicepresidenta Nadia Calviño y su equipo defendieron con insistencia seguir apostando por la palanca de los créditos para reforzar la solvencia de las empresas. “Estaban muy enfrascados con las quitas”, señalan. En todo caso, las ayudas finalmente aprobadas siguen lejos del esfuerzo desplegado por economías del entorno. Desde Funcas remarcan que el presupuesto en Alemania para transferencias directas se eleva a los 50.000 millones de euros, mientras que Italia ha previsto 25.000 millones de euros y Francia ha gastado desde el pasado mes de septiembre 18.600 millones en ayudas directas contra los daños económicos de la covid.

Alemania

Transferencias a empresas por un total de 50.000 millones

El paquete de ayudas en Alemania a empresas y autónomos del Gobierno de coalición de conservadores y socialdemócratas de la canciller Angela Merkel está presupuestado en 50.000 millones de euros. Nos hallamos en la tercera fase del programa –que incluye mejoras respecto a las fases iniciales–, y va hasta el próximo junio pero es también aplicable a noviembre y diciembre del 2020. El paquete está destinado a empresas con ventas anuales de hasta 750 millones de euros que hayan sufrido una caída de ventas mensual de más del 30% en comparación con el año 2019 (antes la caída debía ser de más del 40%). Para empresas en riesgo directo de cierre se suprime el requisito. 
Se incrementa el volumen de financiación posible para la empresa en cuestión hasta 1,5 millones de ayudas puente al mes, con un máximo total de 12 millones –hasta ahora el tope mensual era de 500.000 euros–, y los anticipos pueden ser de hasta 800.000 euros. Se prevén asimismo alivios fiscales para garantizar liquidez.
Hay también medidas específicas para sectores muy castigados por el largo cierre antivirus, como el comercio minorista y el turismo. Así, las tiendas pueden computar como coste fijo al 100% la depreciación de los productos de temporada (hasta ahora solo podían indicar el 50%), lo cual aliviará por ejemplo a cadenas de moda y boutiques pequeñas, que ya no pueden contar con vender sus prendas de abrigo. En agencias de viajes, hoteles e industria turística, las cancelaciones de reservas constan como costes y ventas perdidas. A los restaurantes se les prorroga hasta el 31 de diciembre del 2022 el actual IVA reducido de las comidas del 7%.
Para situaciones de empresas muy graves o que no encajan en este programa, el Gobierno federal y los 16 länder (estados federados) prevén un fondo aparte de 1.500 millones de euros.
En el caso de los autónomos, se ha ampliado también el plan respecto al programa de la primera ola del virus; la ayuda puede ser de 7.500 euros, cuando antes era de 5.000. Se incluye a los actores que no están en plantilla fija en teatros o compañías, y a los temporeros agrícolas. Como la cultura y el espectáculo sufren mucho con la pandemia, se prevé destinar al sector un fondo adicional de 1.000 millones de euros.
Tras las críticas por lo farragoso de los trámites burocráticos para pedir las ayudas –en una encuesta de la federación de pymes (BVMW) a 16.000 empresas, el 71% dijo que eran muy complicados–, el Gobierno los ha aligerado. Pero los sectores aludidos han recibido con escepticismo la reducción de papeleo. 
Por otra parte, continúa hasta junio la opción para las empresas de todo tamaño en dificultades de recurrir al paro parcial de trabajadores, el llamado Kurzarbeit, mecanismo similar al ERTE español, y que también fue aplicado con éxito al inicio de la crisis financiera del 2009. La Oficina Federal de Empleo se hace cargo de hasta el 60% del sueldo neto. / María-Paz López

En cambio, desde el Gobierno español defienden la conveniencia de ampliar el foco y analizar la cobertura conjunta desplegada por la Administración central para afrontar la crisis de la pandemia: desde los avales del ICO a créditos para empresas afectadas –la banca ha financiado más de 115.000 millones– al sostenimiento de rentas y el tejido productivo a través de los ERTE y las prestaciones para autónomos –hasta el próximo mayo, la Seguridad Social estima que el desembolso en protección del empleo, incluidas las incapacidades temporales por el virus, alcanzará los 40.000 millones–. O las transferencias extraordinarias realizadas a las comunidades autónomas, con especial atención a apuntalar las acuciantes necesidades sanitarias y educativas –el año pasado los territorios recibieron 16.000 millones de euros, a los que hay que añadir 8.000 millones de los fondos comunitarios React-EU para el 2021–.

Algunos comercios han tenido que trasladarse a locales más pequeños por la crisis
Algunos comercios han tenido que trasladarse a locales más pequeños por la crisisXavier Cercera

Las ayudas directas se han hecho esperar y ahora se enfrentan al reto de llegar a las empresas afectadas en el menor tiempo posible. Hace un par de días, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, reconoció que el apoyo a empresas y autónomos se materializará en el verano. La portavoz del Gobierno explicó que, aparte de la aprobación del real decreto ley en el Parlamento, donde es posible que se amplíe el listado de actividades protegidas, tienen un mes para trans-ferir el dinero a las gobiernos auto-nómicos, encargados en última instancia de repartir las ayudas. El proceso supone la firma de convenios con todas las comunidades.

Italia

Draghi: “Es la hora de gastar” y no pensar en la deuda

En el centro de Roma es habitual ver manifestaciones de representantes de los sectores más castigados por la pandemia. Restauradores, trabajadores culturales, autónomos… se quejan de la lentitud de las medidas adoptadas para ayudar a los empleados y que en muchos casos el dinero nunca ha llegado como prometieron. Solucionar estas trabas burocráticas es uno de los objetivos del nuevo Gobierno de Mario Draghi, quien este viernes anunció un gran paquete de medidas de 32.000 millones de euros para apoyar a los castigados por el virus. Contando con ellos y los decretos de la administración de Giuseppe Conte, Italia ha aprobado más de 130.000 millones con diferentes medidas para combatir la crisis de la covid en la tercera economía de la zona euro. “Es una respuesta parcial, pero es lo máximo que podemos hacer en este contexto”, dijo Draghi en su primera rueda de prensa, avanzando que en abril pedirá al Parlamento una nueva desviación del déficit para más ayudas. El exjefe del Banco Central Europeo cree que es el “momento de gastar” y no de preocuparse de la alta deuda italiana. Nada de austeridad. 
Para contentar a los que protestan por los retrasos, Draghi ha prometido que el dinero de este último paquete llegará a los bolsillos de los afectados directamente a partir del 8 de abril. De estos millones (sin contar con todo lo empleado el año pasado), 11.000 son para ayudas a fondo perdido a empresas afectadas por los últimos cierres cuando ahora mismo más de 40 millones de italianos viven en otro confinamiento. “El objetivo es dar cuanto más dinero posible a cuanta más gente posible tan rápido como sea posible”, afirmó el banquero. Hay una parte destinada a indemnizaciones para empresas que operan en la montaña, gran parte dirigido al turismo y también a los autónomos, incluidos los trabajadores del sector agrícola. Casi 8.000 millones van destinados a proteger el empleo. El Gobierno italiano también ha alargado la prohibición de despedir –que expiraba el 31 de marzo– hasta finales de junio, para las grandes empresas con mecanismos de protección social, y hasta octubre para las pequeñas que no lo tienen. En definitiva, otra gran inyección de dinero público –que no será la última– a la espera de acelerar la vacunación, que según Draghi va a ser la principal medida para frenar la crisis económica. / Anna Buj

En el contexto comunitario, en cuestión del global de ayudas de Estado utilizadas para afrontar la crisis derivada de la covid, España se colocó el año pasado a la cabeza de los países europeos en términos relativos. Entre marzo y diciembre del 2020, les dedicó un 7,3% de su PIB, doblando la media de la UE, que se quedó en un 3,3%, y por encima de países como Francia (6,4%), Italia (6,03%) y Alemania (3,02%). Son medidas que España ha canalizado “casi exclusivamente facilitando garantías públicas en condiciones favorables”, mientras que otros países han preferido utilizar más los subsidios y otro tipo de medidas no reembolsables.

Son los datos incluidos en la carta que la comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, envió al Parlamento Europeo con la información que maneja su departamento. Son números que tuvieron una recepción variada de las fuerzas políticas. Mientras que Ernest Urtasun, eurodiputado de Catalunya en Comú, destacó que “España es de largo el país que más porcentaje del PIB ha destinado a ayudas”, Luis Garicano, de Ciudadanos, replicó que “esta cifra suma préstamos y ayuda directa. Muchos créditos y muy poca ayuda directa. Al principio de la crisis la liquidez era clave, pero los graves problemas de solvencia estrangularán a las pymes y los autónomos”. Estas cifras incluyen ayudas de Estado distribuidas a través de subsidios, créditos, garantías y recapitalizaciones, pero no medidas económicas de ámbito general como los ERTE o las reducciones fiscales.

Francia

El alto precio de confinar tres veces y vacunar con parsimonia

El tercer confinamiento que entró en vigor ayer sábado en Francia, aunque no muy estricto y limitado territorialmente, ha incrementado el malestar de los sectores afectados por los cierres. Hay cada vez más irritación por el alto precio que se está pagando por una campaña de vacunación muy parsimoniosa, durante largas semanas, y deficientemente organizada. La comparación en este terreno con Estados Unidos, Gran Bretaña o Israel es dolorosa. Las generosas ayudas económicas que se dan desde que comenzó la pandemia compensan solo en parte. Siempre hay quejas de que cuesta en la práctica cobrarlas, de que hay letra pequeña, excepciones y demasiada burocracia, por no hablar del fuerte daño psicológico y moral que causa la inactividad y las dificultades en la formación de aprendices o de personal en prácticas. Los gremios sectoriales siempre insisten en que no quieren caridad sino poder trabajar de una vez.
El último confinamiento, que se aplica en París y otros 15 departamentos (con un total de población de 21 millones de personas), tendrá un impacto del 0,2% en el PIB y costará 1.200 millones de euros adicionales al mes en subsidios, según indicó el ministro de Economía, Bruno le Maire. La factura mensual del soporte a los sectores inactivos se elevará a 7.200 millones de euros. Eso incluye el llamado fondo de solidaridad (dinero para compensar la pérdida total o parcial de facturación), las exoneraciones fiscales y de cotizaciones sociales, el pago del desempleo temporal y otras ayudas específicas. Es un dinero que permite a la mayoría sobrevivir, pero que no servirá para revertir daños duraderos en los negocios como el cambio de hábitos de clientes, por ejemplo el recurso masivo a las compras por internet. Han recibido oxígeno financiero las compañías aéreas y algunas empresas automovilísticas. En Francia los cines, teatros, salas de conciertos, restaurantes y bares llevan cerrados casi cinco meses y no hay una perspectiva clara de reapertura. Los establecimientos de restauración solo sirven comida para llevar, aunque esta alternativa sufre por el toque de queda, que ahora rige a partir de las 19 horas, los siete días de la semana. Reciben apoyo los gimnasios, los establecimientos termales, las residencias turísticas de montaña y un sinfín de negocios castigados por las restricciones. / Eusebio Val

En todo caso, las cifras muestran un fuerte contraste entre lo que se autorizó como ayudas de Estado a los países y las cantidades mucho más reducidas en algunos casos que se acabaron utilizando. La diferencia más espectacular es la de Alemania, que fue el país que sumó más de la mitad del total de ayudas aprobadas por la Comisión Europea, lo que hizo temer por la desigualdad de oportunidades que aquel desequilibrio podría suponer, si lo comparamos con el 15% de Italia y Francia y especialmente con el 5% del total que le correspondía a España.

La misma comisaria Vestager expresó su preocupación de que las grandes disparidades entre las capacidades de los países provocaran desequilibrios y “una recuperación asimétrica”. Sin embargo, en el momento de usar las ayudas aprobadas, los porcentajes se corrigieron considerablemente. En términos absolutos, Alemania acabó sumando solo el 19% del total de ayudas utilizadas en la UE, mientras que España llegó al 16% de este total.

Estados Unidos

Manguerazo de 6 billones para ayudar a familias y empresas

La aprobación, a primeros de mes, de un nuevo plan de estímulos económicos por parte del Congreso eleva a casi 6 billones de dólares la inyección fiscal en Estados Unidos para combatir la pandemia, una inversión sin precedentes que llevará la deuda pública a niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial, por encima del 100% del producto interior bruto (PIB).
En total, se han aprobado tres grandes planes de rescate (uno de 2,3 billones, otro de 900.000 millones y el último, de 1,9 billones) además de 700.000 millones en partidas específicas para ciertos programas, todos con una estructura similar. El primer objetivo, hacer llegar urgentemente dinero a las familias mediante el envío de cheques de ayuda directa. El primero fue de 1.200 dólares, el segundo de 600 y ahora están a punto de enviar uno de 1.400 dólares a los trabajadores y dependientes que ganan menos de 75.000 dólares al año. A estas ayudas directas se suman además otras para pagar el alquiler, la hipoteca y las facturas de electricidad, agua y gas. 
El último plan de rescate incluye un cambio fundamental en el funcionamiento de los créditos fiscales. Los 600 dólares al año por hijo que las familias se pueden deducir actualmente se convertirán durante 12 meses en 3.600 dólares por menor de 5 años y 3.000 por cada hijo de entre 6 y 17 años. El dinero se podrá solicitar por anticipado, lo que convierte este adelanto fiscal en una especia de renta básica para las familias. 
Los diferentes planes de estímulo también han reforzado el subsidio del desempleo, ampliando la duración de la protección y elevando en hasta 400 dólares semanales el suplemento extraordinario del Gobierno federal a las ayudas que ofrecen los estados, mínimas en algunos casos. También los autónomos y los trabajadores de la gig economy pueden ahora cobrarlas. Al perder el empleo, millones de trabajadores se han quedado también sin seguro sanitario, de ahí los diferentes refuerzos de los programas públicos de acceso a la salud.
Las pequeñas y medianas empresas tienen acceso desde el principio de la pandemia a ayudas para declarar a sus trabajadores en furlough y hacer expedientes de empleo temporales, en los que el Estado cubre con una parte de los salarios. El primer plan dedicó 350.000 millones de dólares a esta partida, ampliada después varias veces y reformada para evitar que las grandes compañías tuvieran forma de cobrarlas. Las pymes también han recibido créditos que no deberán reembolsar si los dedican no solo a pagar salarios sino a los gastos corrientes de sus negocios (alquiler, facturas…) para que así quizá no tengan que bajar la persiana para siempre. 
La posición del dólar como moneda de reserva mundial otorga a Estados Unidos una ventaja extraordinaria sobre el resto de economías, su capacidad para acumular grandes niveles de deuda a bajo coste derivada de su papel como proveedor global de liquidez. Aun así, en cualquier otro momento de la historia, la aprobación de semejante nivel de gasto habría sido impensable políticamente. 
La conjunción de la pandemia, el populismo económico de Donald Trump y de los demócratas, sumado al empeño de Biden de no solo tapar los agujeros de esta crisis sino aprovecharla para “reconstruir mejor” y hacer cambios duraderos que refuercen el magro Estado de bienestar estadounidense ha obrado el milagro. El estímulo fiscal aprobado por el país norteamericano durante la pandemia es el mayor del mundo en términos absolutos. Con la aprobación este mes del American Rescue Plan de Biden, la inyección fiscal estadounidense equivale ya en términos relativos al 27% de su PIB y es el segundo mayor del mundo, solo por detrás de Japón, según datos recopilados por el economista Ceyhun Elgin.
El punto de partida de millones de americanos era muy precario. Pese a los manguerazos casi indiscriminados de ayudas a trabajadores y empresas, la llegada del dinero a sus destinatarios ha sido lenta y en noviembre del 2020 había casi 8 millones de personas más que antes de la pandemia viviendo por debajo del umbral de la pobreza. El plan de los demócratas del Congreso y la Casa Blanca es que las ayudas fiscales a las familias, con capacidad para reducir a la mitad la pobreza infantil, se conviertan en un apoyo permanente. / Beatriz Navarro

La Comisión Europea apunta varias razones para justificar esta diferencia significativa entre las ayudas autorizadas y el gasto real que se produjo. Por un lado, puede haber ocurrido que las empresas solicitaron menos ayuda que la esperada y que la tasa de aceptación de los esquemas haya sido más lenta. Otra posibilidad es que las compañías hayan confiado más en medidas generales que se aplicaban al conjunto de la economía y que no contabilizan como ayudas de Estado.

Con estos datos, la Comisión Europa concluye que no aprecian desproporción en la utilización de las ayudas de Estado por parte de los países, si se compara con el impacto de la crisis en las distintas economías.

El Reino Unido

Un paquete de más de 400.000 millones

El liberal Reino Unido, a pesar de tener un Gobierno conservador, se ha disfrazado de socialista para afrontar el impacto económico de la pandemia. Ya ha invertido 63.000 millones de euros en pagar los salarios de los trabajadores de empresas en apuros (y compensar a los autónomos por las pérdidas sufridas), y la Oficina Nacional de Estadísticas calcula que la factura final, si las cosas no se complican, se elevará al doble de esa cifra. Si al coste de estas ayudas se añade el de los fondos adicionales para la sanidad pública a fin de responder a la pandemia, las ayudas equivalentes a los autónomos y lo que el Tesoro va a dejar de percibir en impuestos, se estima que el coste total para el Estado superará los 400.000 millones de euros.
El grueso de la ayuda estatal se centra en el “Plan para la retención de empleo”, popularmente conocido como furlough, que consiste en que el Estado paga un ochenta por ciento de los sueldos de los trabajadores fijos, hasta un tope de 2.900 euros al mes (el resto, la empresa). Una compañía puede meter en esa fórmula a la totalidad de la plantilla o a la parte de ella que quiera (los restaurantes, por ejemplo, se han quedado algunos empleados para poder seguir haciendo comidas para llevar). El patrono desembolsa los salarios, y el Ministerio de Hacienda le devuelve con prontitud el dinero. Continuará hasta el próximo mes de septiembre.
Hasta ahora, 11,5 millones de trabajadores se han beneficiado de esta fórmula, parecida a los expedientes temporales de regulación de empleo. En la actualidad hay 4,7 millones de personas en furlough, debido a que desde antes de Navidad todos los comercios no esenciales, pubs, restaurantes, cines, teatros, gimnasios y peluquerías están cerrados. Es menos de la mitad que en el primer confinamiento, cuando estalló la pandemia, prueba de que los negocios han sabido adaptase mejor.
La mayoría de las empresas que han acudido a la ayuda estatal son pequeñas, con entre dos y cuatro trabajadores. Entre aquellas que cuentan con más de 250 empleados, solo un 9% de sus plantillas han sido apuntadas al plan. Por sectores, el del turismo y la restauración es con diferencia el que más se beneficia (un 68% de su personal). Las artes y la cultura van a percibir 1.900 millones de euros. Más mujeres que hombres han entrado en los ERTE, y el principal grupo de edad es el de los jóvenes de entre 25 y 34 años. / Rafael Ramos

Dado que Bruselas ofreció flexibilidad sobre el tipo de ayudas a emplear, se observa cómo algunos países han preferido centrarse en facilitar garantías en condiciones favorables, como es el caso de España, Francia, Rumanía, Portugal y Suecia, mientras que otros han hecho más uso de ayudas no reembolsables. Es la situación de Grecia, Irlanda, Polonia y Chipre.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: