Muere Diego Armando Maradona a los 60 a帽os (LUTO EN ARGENTINA) El Astro Argentino ha fallecido 馃様 Tras Una Parada Cardiorrespiratoria

LONDON, ENGLAND – OCTOBER 23: Diego Maradona is pictured inside the photo booth prior to The Best FIFA Football Awards at The London Palladium on October 23, 2017 in London, England. (Photo by Alexander Hassenstein – FIFA/FIFA via Getty Images)

El astro argentino ha fallecido tras una parada cardiorrespiratoria, seg煤n la prensa argentina

Diego Armando Maradona ha fallecido este mi茅rcoles a los 60 a帽os v铆ctima de un paro respiratorio, seg煤n informa el diario Clar铆n. Una semana despu茅s de su 煤ltimo cumplea帽os, el astro argentino fue operado con 茅xito de un edema cerebral y el pa铆s celebr贸 otra gambeta de su h茅roe dram谩tico, pero ser铆a la 煤ltima. Tantos a帽os de excesos, descuidos y conflictos emocionales terminaron por corroer su salud. Si ser Maradona y tener un solo cuerpo siempre fue una lucha desigual, en su 煤ltima aparici贸n como t茅cnico de Gimnasia aparent贸 arrastrar el f铆sico de alguien de 80 a帽os, o m谩s. Los inmortales tambi茅n sufren.

En esa imagen, en la que Diego solo pod铆a caminar ayudado por dos auxiliares, pareci贸 concentrarse su historial cl铆nico: su vieja adicci贸n a la coca铆na; un coraz贸n que hac铆a varios a帽os trabajaba al 30%; la obesidad que lo golpe贸 a comienzos de siglo -lleg贸 a pesar 120 kilos-; el by pass g谩strico al que hab铆a sido sometido en 2004; sangrados estomacales cada vez m谩s habituales; problemas severos con el alcohol; un pu帽ado de operaciones que sufri贸 en sus rodillas y la infinidad de golpes brutales que recibi贸 en su 茅poca de jugador, incluida la fractura de un tobillo.

Su muerte sacude a Argentina -y no solo-, por un colapso de tristeza sin fecha de vencimiento a la vista: el duelo que empez贸 a flotar en las calles de Buenos Aires y el resto del pa铆s no ser谩 de esos que se disipen en a帽os sino en generaciones. La muerte de Diego Armando Maradona supone el final de la edad de los h茅roes. 脥dolos, genios y productos deportivos habr谩 siempre, pero Maradona excedi贸 la condici贸n de futbolista: fue un n煤mero 10 hecho pa铆s, una reivindicaci贸n popular en pantalones cortos, el milagro posible para una porci贸n del mundo en la que el viento sopla en contra.

Si el vocabulario de su etapa como futbolista gir贸 alrededor de goles, proezas y actos de magia, ya retirado le sum贸 t茅rminos como dependencia de drogas, afecciones card铆acas, problemas respiratorios, hipertensi贸n, apneas de sue帽o, miocardiopat铆a dilatada, diabetes, anemia, borracheras, debilidades hep谩ticas, episodios de confusi贸n mental y funci贸n renal alterada. 鈥淓s evidente que tengo l铆nea directa con el Barba鈥, hab铆a dicho en 1997, en referencia a Jes煤s, despu茅s de una de sus habituales resurrecciones.

El f煤tbol ser谩 un simulacro de guerra, pero los estadios constituyeron para Maradona su 煤nico remanso de paz, una infancia eterna. Como si de lunes a s谩bado se dedicara a la halterofilia, la vida afuera de los campos de juego siempre le pes贸, acaso inevitablemente. As铆 como los defensores rivales quedaban minimizados ante un c铆clope del f煤tbol, ser Maradona y tener un solo cuerpo fue una pelea desigual. Como 茅l mismo dijo, 鈥渄e una patada fui de Villa Fiorito a la cima del mundo y ah铆 me la tuve que arreglar solo鈥.

El encierro con el que intent贸 evitar contagiarse de coronavirus no ayud贸 a Maradona, que pas贸 sus 煤ltimos d铆as envuelto por una depresi贸n, tambi茅n explicada por el hematoma subdural detectado en una cl铆nica de La Plata, la ciudad en la que dirig铆a a Gimnasia. Maradona ya estaba internado desde el 2 de noviembre, una geograf铆a habitual en sus 煤ltimos a帽os: las cl铆nicas, los traslados en ambulancias, los quir贸fanos y las vigilias de sus hinchas en las puertas de los centros m茅dicos. Cu谩nto m谩s sufr铆a el 铆dolo, m谩s se apostaban sus feligreses.

鈥淢aradona siempre un depresivo, un melanc贸lico cr贸nico鈥, lo diagnostic贸 su m茅dico de la d茅cada del noventa, Alfredo Cahe. Las muertes de sus padres -Do帽a Tota. en 2011 y Don Diego en 2015- resultaron dos golpes an铆micos que terminaron de desestabilizar su mapamundi familiar, plet贸rico de conflictos con su exmujer, Claudia Villafa帽e, e incluso algunas de sus hijas.

El 煤ltimo Maradona, ya lejos de la coca铆na, pero con problemas con el alcohol, tampoco pod铆a acudir a su palabra. El hombre de las grandes frases ya solo se comunicaba p煤blicamente a trav茅s de comunicados escritos por sus voceros en su cuenta de Instagram.

Maradona les dio tanto a sus adoradores que hasta pareci贸 haberles ofrendado su vida. Mucho m谩s humano, emp谩tico, rebelde y contestatario con el poder que el resto de los 铆dolos, pero a la vez dependiente del cari帽o popular, se fue llenando de cicatrices y sumando golpes. En su enorme producci贸n de frases, Maradona dej贸 cientos de menciones relativas al hast铆o, el dolor y la muerte.

Ya en 1981, todav铆a en el f煤tbol argentino, el Pelusa empez贸 a gritar en el desierto: 鈥淢e estoy cansando, cada d铆a me saturo m谩s, no aguanto m谩s. Quiero largar el f煤tbol. Cumplo el contrato con Boca y dejo el f煤tbol por un tiempo鈥. Al a帽o siguiente, pocos meses antes de su pase al Barcelona, dijo en tercera persona, como si ya prefiriera mirarse desde afuera: 鈥淟a gente tiene que entender que Maradona no es una m谩quina de dar felicidad鈥. Entonces intent贸 tapar esa angustia con la coca铆na, a la que recurri贸 por primera vez en Espa帽a, a fines de 1982, durante su volc谩nico paso por el club catal谩n.

Maradona naci贸 dos veces, el 30 de octubre de 1960 en los suburbios de Buenos Aires y el 22 de julio de 1986 en Ciudad de M茅xico, cuando le convirti贸 a Inglaterra el macho alfa de los goles y el m谩s ileg铆timo, la deificaci贸n de un futbolista con las llagas de la guerra de Malvinas todav铆a abiertas. Pero enseguida comprobar铆a que el 茅xito no inmuniza. 鈥淵o sufro terriblemente, me destruyo y no soy capaz de salir adelante. Es el peor momento de mi carrera鈥, dir铆a apenas tres meses despu茅s, en octubre de 1986, cuando naci贸 su primer hijo extramatrimonial.

Aunque M茅xico 86 y sus t铆tulos lis茅rgicos con el Napoles siempre se mantendr铆an como globos aerost谩ticos de la felicidad futbol铆stica, Maradona comenz贸 a perder varias batallas. Su carrera se fue desvaneciendo entre el rechazo de sus enemigos (tambi茅n contados de a millones), la traici贸n de los suyos (hasta la Camorra napolitana le solt贸 la mano), sus controles antidopaje positivos y su adicci贸n. La ca铆da del 10, el ventr铆locuo del pueblo, termin贸 de convertirlo en un h茅roe tr谩gico. En el recuerdo popular a su salida por efedrina del Mundial 1994 qued贸 una de sus grandes frases, 鈥淢e cortaron las piernas鈥, tal vez porque era m谩s liviano que atender otro de sus pedidos de auxilio desesperado, el de 鈥淣o tengo est铆mulos para vivir鈥.

En los a帽os siguientes, antes y despu茅s de su retiro en 1997, Maradona empez贸 a coquetear con la muerte en los hechos y en las palabras: 鈥淒茅jenme vivir mi vida, no quiero ser un ejemplo. Yo tampoco muerto encontrar铆a paz. Me utilizan en vida y encontrar谩n el modo de hacerlo estando muerto鈥. Internado una y otra vez, incluso en un neuropsiqui谩trico, la coca铆na casi lo mata en Uruguay en 2000 y en Cuba en 2001.

Como si el fabricante de alegr铆as ajenas tambi茅n fuera un catalizador de desgarros internos, el Pelusa lleg贸 a desear una muerte diferente a la del Libertador argentino, el general Jos茅 San Mart铆n, que falleci贸 en 1850 en Francia. 鈥淪an Mart铆n se tuvo que ir a morir afuera, pero yo me quiero morir en mi pa铆s鈥. Lo cumpli贸: fue Maradona hasta en su muerte.

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